Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 18 Octubre, 2013

En momentos en que la economía del país necesita urgentemente de una reactivación, las medidas que se están tomando parecen ir en la dirección opuesta


Entre cielo y tierra

Reformitis aguda

Nos enfrentamos a una coyuntura económica bastante complicada. La urgencia de una reforma fiscal es lógica, sin embargo esto no significa ni que sea lo más conveniente, ni que el momento en que se está planteando sea el más propicio.
La obligada reducción del presupuesto extraordinario de 2013 en un 15%, es un claro mensaje de que la disminución de ingresos generada por la desaceleración económica significará para el Estado el fin de la fiesta.


Este recorte, por su parte, implica un golpe más para las empresas que subsisten del gobierno, y genera a su vez mayor problemática de desempleo y por ende una afectación al consumo.
No es un secreto que mayores impuestos y una conducta inquisitiva fiscal producen un impacto sobre la generación de inversiones, frenando el ritmo económico.
Si a este panorama se le agrega el factor de que el gobierno no ha hecho su trabajo en el mejoramiento de las condiciones de competitividad, especialmente en lo relacionado a tramitología y facilidades crediticias, las perspectivas para la inversión resultan elocuentemente negativas.
Es decir, en momentos en que la economía del país necesita urgentemente de una reactivación, las medidas que se están tomando parecen ir en la dirección opuesta, lo cual agrava significativamente el deterioro que estamos sintiendo.
Este es el escenario, en el que se debe evaluar la nueva propuesta de un paquete de impuestos, que resulta también lógico, si el objetivo es traumatizar el dinamismo empresarial, e impactar aún más negativamente la generación de empleo.
Ahora bien, desde un punto de vista político, esta reforma representa una lavada de manos, sobre el déficit fiscal generado en las últimas administraciones y que hoy constituye el mayor legado para el nuevo gobierno.
Aún resulta pretenciosa, la posibilidad de que exista una viabilidad política a un proyecto de esta índole en plena campaña electoral, cuando empiezan a caer las críticas sobre la incapacidad para contener el despilfarro estatal.
El paquete de impuestos es también una expiación sobre la responsabilidad por la casi anunciada pérdida del grado de inversión para Costa Rica, y cuyo mayor peso lo lleva el desmejoramiento de las finanzas públicas.
En este sentido, se ha fallado además en entender que un factor crucial para lograr mayor recaudación proviene del estímulo a la producción, para lo cual es urgente eliminar tantas trabas y burocracia que hoy recaen sobre los generadores de ingresos.
Ya muchos informes internacionales lo vienen señalando con claridad, la vía para salir del desbarajuste en las finanzas públicas es con mayor eficiencia estatal, mejores índices de competitividad y un desarrollo de infraestructura productiva.

Luis Alberto Muñoz Madriz
@luisalberto_cr