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Jueves, 19 de septiembre de 2019



COLUMNISTAS


Reflexiones: Nuestro modelo de crecimiento se agotó (II parte)

Leiner Vargas [email protected] | Martes 27 agosto, 2019


En esta segunda columna, quisiera concentrarme en las causas de nuestros problemas y las consecuencias que provocan en nuestra economía y sociedad, para dejar las soluciones a la tercera y última parte de esta serie, el próximo martes. El país ha agotado su fase de crecimiento basado en apertura y la promoción de exportaciones. ¿Por qué llegamos a este punto? y ¿qué consecuencias tenemos?, estas serán las reflexiones que encontrará mi lector, si se permite leer los siguientes párrafos.

Hoy tenemos un escenario internacional con dos restricciones externas muy significativas que no son fáciles de sortear y que ponen un techo al comercio tradicional. Primero, la guerra comercial entre China y Los Estados Unidos, los avatares del Brexit en Europa y las medidas unilaterales que se han tomado por algunos países, que están socavando las opciones de crecimiento para quienes confiaban en una versión de comercio mundial regulado en forma multilateral y amparado a leyes internacionales, no libres o favorables, pero al menos, estables y claras.

Hoy el comercio ha retrocedido y las reglas del juego dependen de la política y el sentimiento de algunos líderes globales, son menos transparentes y mucho más cambiantes que hace una década. La bondad del comercio libre y del crecimiento con derrame, se ven hoy menos claras y la inversión externa, así como, los indicadores sobre la dinámica del comercio y de la economía global son evidentes. Estamos al borde de una crisis o recesión en el entorno internacional. Segundo, la industrialización devastadora de recursos y basada en un uso irracional del medio ambiente ha sido la culpable de las consecuencias de cambios en el clima y ponen hoy, restricciones a los estilos de producción y consumo. Lo anterior, afecta sustantivamente las zonas costeras y en nuestra región, afectan de manera especial la vulnerabilidad ante desastres naturales y sus consecuencias, la escasez del recurso hídrico, las inundaciones y la pérdida de cultivos agrícolas nos golpean con mayor fuerza.

Empero, a pesar de todo ello, nuestros principales obstáculos al crecimiento están internamente. La democracia, entendida de la forma en cómo la hemos interpretado en el siglo XX, hace aguas. Existe serias dificultades para avanzar en la reforma de nuestro Estado, lo que también se traduce en una clara incapacidad para avanzar hacía las oportunidades que nos genera el entorno. Nuestro Estado está amarrado a múltiples cadenas que están afectando su capacidad para responder a las demandas de la ciudadanía. Existen dificultades para establecer políticas de Estado y el país, cada día está más ocupado en la agenda de corto plazo y menos, en los grandes temas de su desarrollo. Las áreas más criticas son la infraestructura, la política social y la regulación económica, dónde tenemos serias dificultades para operar y cada vez más, la captura y el control de los grupos de interés, sean estos empresarios parásitos o sindicatos, son más evidentes. Todo lo anterior, ahoga a la sociedad en el entramado de sostener las rentas de dichos grupos y el financiar un Estado deficitario y caro, incompetente, escaso en resultados y con múltiples sospechas de corrupción.

A todo lo anterior, estamos pasando a la tercera década del siglo XXI, sin estar preparados para enfrentar los desafíos de la cuarta revolución industrial y mucho menos, aventurarnos a propiciar e impulsar las transformaciones económicas y sociales que ello implica. Hemos retrocedido en nuestras mayores ventajas del siglo XX, la educación y las telecomunicaciones. Estamos atados ante un mercado oligopólico y una institución reguladora inútil, SUTEL, capturada por su incompetencia regulatoria e incompetente para siquiera licitar los proyectos sociales del FONATEL. Seguimos enfocados en la economía de lo que existe y hemos dejado de tener bancos de interés público, pasando a tener instituciones ocupadas en su negocio, pero no ocupadas en el desarrollo nacional. Urge pensar en el emprendimiento, la innovación, las incubadoras y aceleradoras de negocio, pero seguimos en más de lo mismo y con los mismos.

Finalmente, en medio de todo ello, nuestra economía social solidaria y las actividades sindicales se quedaron entre los arrabales de la guerra fría. Lastimosamente, tenemos poco liderazgo y de corto alcance, en el mundo sindical y cooperativo. Lo anterior, expone a la clase trabajadora a seguir siendo contestataria y no participe del debate serio de la agenda nacional. Las formas para repartir riqueza deben diversificarse, la sociedad de propietarios se sigue postergando y los proletarios son más, ahora con un empleo informal y de baja calidad.

Pero claro, el cambio solo es posible si dejamos de ver al empresario y al trabajador como enemigos y concertamos un gran pacto social por el empleo y el crecimiento económico. Ninguna versión universal de la seguridad social podría sobrevivir, sino hacemos un claro fortalecimiento del tema laboral e incorporamos grandes acuerdos sociales en la agenda país. Requerimos repensar el modelo de crecimiento y el modelo de desarrollo que lo acompaña, pero claro, de eso hablaré en mi última columna de esta serie, el próximo martes.

Dr. Leiner Vargas Alfaro

www.leinervargas.com










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