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Martes, 2 de marzo de 2021



COLUMNISTAS


Reflexiones: Agenda país con o sin acuerdo con el FMI

Leiner Vargas [email protected] | Martes 09 febrero, 2021


Para quiénes no escuchan y pretenden a la brava ejercer el poder político, los escándalos callejeros, la protesta social y la oposición política les parece una terrible molestia. Quiénes están acostumbrados a opinar y no a escuchar opiniones, piensan que su verdad es la única salida y que, sus maneras, son las maneras de ser y de hacer en lo privado y en lo público. A esos políticos de antaño o a esos asesores de sube y baja estadístico, les han quedado grandes el saco de la democracia social y política costarricenses.

Los cambios que el siglo XXI han traído a la sociedad global y local nos imponen una gran dosis de pragmatismo, pero también, una gran y necesaria capacidad de crear puentes y construir acuerdos. Los actores sociales que protestan en las calles es porqué han perdido la esperanza de ser escuchados y han perdido la confianza en los interlocutores formales de la democracia. Señores miembros del poder ejecutivo y legislativo, a ustedes les estoy refiriendo en este párrafo.

He confrontado ampliamente a los que dicen que el país no tiene salidas, más allá de la posición extrema de la derecha costarricense que propone vender barato los bienes del estado, apretarle la faja a la clase trabajadora y ajustar el empleo y las finanzas públicas. Eso sí, dejando los pasajeros gratis del empresariado de zonas francas intocable y malgastando los escasos recursos públicos en el pago de la deuda a intereses escandalosos y ruinosos para el Estado.

He confrontado con propuestas alternativas a seguir endeudándonos y financiando con recursos a un Estado que no es capaz de confrontar un ajuste racional en las dimensiones del gasto, de los ingresos y sobre todo, del financiamiento de su quehacer. No es cierto costarricenses, la economía y el Estado costarricense no están en quiebra, hemos estado cerrados y eso nos ha puesto la situación más compleja, pero la reactivación económica es quizás la mejor o única forma de volver a ponernos en pie.

Me han preguntado si es o no necesario e imprescindible o impostergable para Costa Rica un acuerdo con el FMI. Quiero decirles que Costa Rica no necesita un acuerdo especial con el FMI. La economía costarricense no tiene en este preciso momento un problema serio de balanza de pagos que lo obligue a suplicar un acuerdo con el organismo internacional. El FMI es una institución que se asume como prestamista de última instancia, ante un eventual impago de las responsabilidades del país y del Estado. Costarricenses, si bien, no satanizo al FMI como entidad, tampoco creo necesario el poner la paz social en peligro o violentar la institucionalidad del país para pasar un acuerdo que no se requiere en los términos que las autoridades del gobierno PAC pretenden.

Eso sí, para quienes apuestan por aniquilar el Estado Social de Derecho, para quienes pretenden imponer su agenda neoliberal a toda costa o quiénes, se benefician de la desgarradora deuda interna y o de los privilegios de ser pasajeros gratis, como las zonas francas, en materia tributaria. Esos que hoy quieren a toda costa acabar con la clase media, a esos si les urge justificar o justificarse detrás del acuerdo con el FMI.

Creo en la necesidad de construir juntos una visión país de mediano plazo, una agenda nacional socialmente incluyente y con el aporte de todos, es ahí dónde deberíamos estar apostando nuestro futuro. Un país integrado por los cuatro costados, dónde las regiones y sus representantes sean escuchados, dónde tengamos claro que la desigualdad y el desempleo son nuestros principales enemigos en común, dónde la agenda ambiental, la educación, la defensa de la seguridad social sean el norte común.

Un país dónde se derrote el pesimismo, la corrupción y se contribuya adecuadamente al Estado por todos. Un país que mire al mundo con amplitud y que ponga metas claras de inclusión digital, de apertura inteligente, resguardando la seguridad alimentaria y ambiental del país. A ese país, dónde se fortalezca la democracia y la equidad, es a lo que debemos apostar como sociedad. Acuerdos con organismos financieros han existido y existirán en el futuro, por eso, antes que la agenda con el FMI, el país debe poner en balance su paz social, su democracia y su desarrollo.

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