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Reclamar con propuestas


Hizo muy bien el sector industrial de Costa Rica, por medio de su Cámara, en hacer un reclamo indirecto a las autoridades gubernamentales por la lentitud con que estas han actuado frente a la crisis económica internacional que se asoma desde hace meses en casi todo el mundo.
La manera utilizada por los industriales consistió en elaborar una serie de propuestas concretas con cifras, justificaciones y viabilidades que, en su criterio, permitirían paliar el golpe a la producción y el posible crecimiento del desempleo.
Por supuesto que entre ese grupo de sugerencias hay unas más viables que otras y algunas incluso podrían considerarse como muy difíciles de instaurar en este momento. Así mismo, está claro que hay aspectos en el pliego de propuestas que generarían una discusión sobre la conveniencia de otorgar beneficios a ciertos sectores y no a otros.
No entramos aquí a discutir los aspectos de fondo sobre la iniciativa, más bien se trata de recalcar cómo el sector de la industria nos coloca frente a un mecanismo de alzar la voz muy poco común en Costa Rica.
Porque si algo abunda en este país son los grupos, del más variado tipo, especialistas en oponerse a todo, en detectar los aspectos negativos de cualquier buena idea o en lanzar las más ácidas críticas contra todo y contra todos desde la comodidad de una posición de observador pasivo.
Porque hay en el país una clase, tristemente bastante grande, convencida de que los ataques y las negativas a absolutamente cualquier cosa son la base de su aporte al desarrollo nacional.
Sin embargo, es en muy pocos casos que las palabras corrosivas van acompañadas de una alternativa a la idea criticada. Y claro que así es muy fácil.
Por eso el paso adelante dado por los industriales, proponiendo en vez de esperando, debería convertirse en la tónica para todos aquellos —personas o grupos— que dicen estar preocupados y comprometidos con el bienestar costarricense.

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