David Gutierrez

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Martes 21 Febrero, 2012


¿Reactivar el ferrocarril?


Basta conducir hacia Guanacaste, Limón, Puntarenas o el Sur, para ser testigo de la anarquía en nuestras carreteras, ya colapsadas por el alto flujo de tránsito, con mala demarcación, puentes peligrosos y sin mantenimiento. Como si esto fuera poco, los choferes de vehículos livianos están obligados a compartir estas malas carreteras con una enorme cantidad de camiones de carga, que diariamente ponen en peligro la vida de miles de personas.
En 1995 se acordó el cierre del servicio ferroviario que prestaba el Instituto Costarricense de Ferrocarriles debido a sus fuertes pérdidas operativas, en parte causadas por una abusiva convención colectiva.
Sin embargo, lo que se pensó sería una buena decisión desde un punto de vista de reforma del Estado, resultó nefasta en términos de transporte, seguridad vial, turismo, y competitividad en el manejo de la carga de importación o exportación.
Veamos qué ha pasado desde 1995 y lo grave que esto resulta hoy. Como referencia, de 1995 a 2010 las exportaciones costarricenses aumentaron de ¢3.190 millones a ¢9.448 millones. Por otro lado, las importaciones pasaron de ¢4.073 a ¢13.569 millones. Ese aumento de más del 300% en las cifras de comercio exterior, desafortunadamente ha tenido un enorme impacto en nuestro sistema vial ya que salvo un poco de manejo de banano y de hierro casi la totalidad de productos se transportan vialmente.
Esto también se refleja en el aumento de manejo de carga de los puertos de Caldera y de Moín. De igual forma, el número de vehículos (solamente nacionales) de carga pesada, con permiso de circulación, aumentó de 15.525 en 2005 a 32.985 en 2010.
Como sabemos, esa multiplicación de la cantidad de carga y de camiones no ha sido proporcional con el desarrollo de nuevas carreteras. ¡Ni siquiera con el mantenimiento de las existentes! En otras palabras, aumentan el número de camiones, vehículos de carga liviana y pasajeros, así como la carga, pero nuestras carreteras no mejoran en cantidad ni en calidad.
¿Cuáles han sido otras consecuencias? Más accidentes y más muertes en nuestras rutas. Los accidentes de tránsito ocupan el tercer lugar en las causas de muerte en el país. De estos, un importante componente son los adelantamientos indebidos o en falso, muchas veces causados por la lentitud de los vehículos pesados o por la falta de espacio entre uno y otro para adelantarles cuando viajan en grupos.
Lamentablemente, la policía de tránsito prefiere dedicar tiempo y recursos al control de la restricción vehicular de placas, o a las redadas estilo Estado totalitario, que al control y ayuda vial en las carreteras “de la muerte”.
Además, una equivocada y simplista decisión de cierre ha impactado negativamente muchos sectores, incluyendo la lamentable pérdida de vidas humanas.
Ante estas circunstancias, el gobierno debería reactivar el ferrocarril, concesionar la administración y operación de trenes de transporte de carga y pasajeros con el fin de mejorar la calidad de vida de los costarricenses y reducir el peligro de nuestras carreteras.

David Gutiérrez
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