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Radioactividad se expande

Las filtraciones de material radiactivo han contaminado el mar al sur de la central nuclear de Fukushima, donde se han registrado niveles de yodo radiactivo 4.385 veces superior al límite legal y valores de cesio-137 más de 500 veces sobre lo permitido.
Se han detectado también niveles bajos de radiación en varios países.
La liberación de material radiactivo tiene graves efectos sobre los seres vivos y el medio ambiente, que dependen del grado y la forma de exposición (por inhalación o contacto), del tipo de partículas (cesio, yodo, plutonio...) y del tipo de radiación.
En unos casos, el daño es inmediato y en otros más prolongado en el tiempo, ya que eleva el riesgo de padecer enfermedades.
El yodo, el estroncio 90 y el cesio (C-137) son algunos de los contaminantes más perjudiciales para la salud humana.
El yodo aumenta el riesgo de cáncer y otras enfermedades de la glándula tiroides. El cesio y el estroncio multiplican la posibilidad de padecer cáncer de huesos, de músculos o tumores cerebrales, entre otras patologías.
También afectan al sistema reproductivo.
La exposición al uranio puede afectar el funcionamiento del riñón, cerebro, hígado, corazón, y otros sistemas por su alta toxicidad, incluso en cantidades ínfimas.
Uno de los elementos radiactivos más peligrosos para el ser humano es el plutonio-239. Cuando se inhala o se ingiere además de causar cáncer afecta al sistema inmunológico y provoca esterilidad. En cantidades considerables ocasiona el envenenamiento agudo por radiación y la muerte.
La radioactividad es un fenómeno físico natural y espontáneo, por el que algunos elementos emiten el exceso de energía de su núcleo, pero cuando el fenómeno es causado por acciones externas se trata de una radiactividad artificial.
Cuando se liberan emisiones radiactivas a la atmósfera el viento transporta las partículas contaminantes. Las partículas más pesadas caen en poco tiempo, mientras que las de menor masa pueden viajar miles de kilómetros.
Finalmente se depositan en el suelo o en el mar contaminando plantas, agua, animales, etc. Como consecuencia, la radiactividad se incorpora a la cadena alimentaria mediante un proceso de bioacumulación y va pasando de unos seres vivos a otros.

Redacción Internacional
EFE

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