Nuria Marín

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Lunes 5 Abril, 2010


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¿Quick Pass?

Nuria Marín

En cualquier parte del mundo, el Quick Pass, E-ZPass o su equivalente, son sinónimo de pago rápido e inteligente. Gracias a la tecnología se economiza valioso tiempo para quienes transitan por la carretera, se abarata el costo para quien eficientemente administra la vía, y disminuye al país la factura petrolera.
En Costa Rica, no solo no hemos aprovechado este recurso sino que seguimos teniendo una mentalidad de tercer mundo. Mientras que en otros países la estrategia se centraría en facilitar, promover e incluso compeler masivamente el uso de este tipo de herramientas, en Costa Rica el adquirir un Quick Pass se puede convertir en un verdadero calvario.
El HSBC, único banco que brinda el servicio, se tomó meses para poner en marcha el sistema y los requisitos para abrir una sencilla cuenta para administrar el pago del Quick Pass debe absurdamente cumplir con los requisitos y tramitomanía de una cuenta corriente. En tanto, en otros países se puede rentar un carro con pase a cargo de la tarjeta de crédito.
Si esto fuera poco, la administradora de la carretera ha recurrido a la “genial” idea, de tratar de mejorar su capacidad de cobro, habilitando las casetillas dedicadas al Quick Pass para el doble uso de cobro manual y pase electrónico anulando el beneficio de este último.
Como resultado, lejos de estimular que una mayoría de gente migre a este sistema de pago, se desincentiva el uso de la tecnología y como país nos condena a continuar con peajes de país subdesarrollado. ¿A beneficio de quién?
No seamos ingenuos, la decisión de habilitar el cobro manual no beneficia a los usuarios ni al país, más bien alcahuetea la ineficiencia en el cobro de la administradora de la carretera en nuestro perjuicio. ¿En qué están nuestras autoridades?
Aquí no se trata de satanizar el mecanismo de concesión pública en el que creo, ni a la empresa privada llamada incluso a jugar un papel aún más protagónico en nuestro desarrollo. Es entender que el Estado tiene la responsabilidad de velar por la visión país y la defensa del interés público frente al interés privado de lucrar. Si no que lo digan la Cruz Roja, Bomberos y otros cuerpos de socorro.
Por otra parte no podemos ser un país que se maravilla y se regocija con bombos y platillos por la apertura de una carretera con más de 25 años de rezago y que se inauguró destinada a sobrepasar su capacidad desde el primer día. Mal haríamos en continuar con esta mentalidad.
Si queremos dar un salto al desarrollo debemos partir de un profundo cambio de mentalidad. Debemos ver la tecnología como una importante herramienta para el mejoramiento de la eficiencia, el servicio y nuestra competitividad.
Debemos invertir en infraestructura que no solo haga frente a los rezagos de las últimas décadas sino que se anticipe como mínimo a las necesidades de los próximos 25 años. Si queremos, nuestras carreteras, puertos y aeropuertos pueden convertirse en verdaderos polos de desarrollo y de prosperidad, y con ello ganaremos todos.