Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 21 Enero, 2010


VERICUETOS
¿Qué es la cosa con Arias?

El primer Arias que conocí fue un compañero de escuela, el Nica, con quien nos escapamos a fumar a escondidas en la acequia del barrio.
No creo que Arias fuera la pieza de Judas porque no me prohibieron su amistad y la verdad es que nunca, estando con él, me mordió un perro o me atropelló un carro. Por eso no crecí pensando que el Nica fuera ave de mal agüero.
Por incultura fonética para mí era lo mismo Arias que áreas. A duras penas aprendí a calcular áreas (no Arias) y perímetros y nunca sufrí tortura física u otra pena mayor en el proceso.
Era la misma época de los lados y los ángulos y del Nica Arias y, dice mi mamá desde el cielo, que ninguno de los dos fueron los culpables de mi sarampión, la rubéola o las paperas. Cuando el asma me ponía los ojos saltones tampoco estaba el Nica por ahí, ni era a causa de interminables prácticas geométricas.
Entradito en años, aunque no en carnes, conocí de vista, porque nunca le dirigí la palabra, una güila que me robó el sueño. De ella solo supe que era Arias. A ciencia cierta puedo decir que su total indiferencia y el no haberse enterado nunca de mis cuitas de amor, no fueron las causas de mis desvaríos sentimentales de la adolescencia.
Ningún Arias me robó la novia en mi juventud. A mí que me dejaban por feo, por maje y por limpio.
Nunca llegué a saber el apellido del viejo que me reventó un tomatazo en la jupa cuando me agarró cogiendo tomates en una finca durante alguno de los paseos dominicales de antes, cuando nos metíamos en los potreros a disfrutar el almuerzo que las mamás preparaban con esmero y disponían magníficamente en un mantel de cuadritos alrededor del cual hablábamos amenamente y jugábamos bola. Pudo haber sido un Arias. O no.
Tengo que indagar si Atila, Drácula, Franco o Stalin tenían algún pariente Arias en su árbol genealógico. No creo. Ya supe que ni Hitler, ni Fidel ni Hugo Chávez son Arias por ningún lado. Busqué en los archivos de Petrocelli y Perry Mason y no encontré un malo de esos super malos que sea, ni por asomo, Arias. Ni siquiera en las historias de Superman, El Monje Loco o Batman aparece un super villano Arias o descendiente de Arias.
Estando en estas disquisiciones me quedé pasmado de la cantidad de Arias que hay en el directorio telefónico. Si a esta muchedumbre de abonados sumamos los Arias menores de edad, más los Arias que no tienen teléfono, más los Arias que no han nacido y los que ya se fueron, el resultado es sorprendente. Somos un país totalmente ariado.
Por eso se me ha hecho difícil entender que los Arias sean la causa de todos los males, desde el calentamiento global, el hundimiento del Titanic, la gripe aviar, la porcina y hasta la equina y los juanetes de mi tía Amelita.
Se me ha complicado entender qué es eso de que hay que sacar a los Arias. ¿A cuáles? ¿Por qué? ¿También a los carajillos? ¿Y los nicas y panameños Arias, viviendo aquí tan cerquita, no serán también peligrosos? ¿Qué tal declarar una moratoria de Arias desde Chichicastenango hasta Río Grande do Sul? Digo, porque si la cosa con los Arias es tan peligrosa, es mejor tenerlos de larguito. ¿O no?
A mí me suena que esto de que los Arias son tan malos, peligrosos, nefastos, es pura politiquería.
Verdad que usted no se cree eso de que todos los males del país, la inseguridad, la violencia doméstica, la corrupción, la deserción escolar, el terremoto de Cinchona, sean culpa del presidente Arias; como tampoco se cree que don Óscar sea responsable de las tortas de los gobiernos anteriores y los por venir.
Por eso, que hayan invitado a don Óscar a la campaña, sin que sea candidato, me parece demagógico. Algunos creerán más fácil hablar mal del Gobierno, por lo que sea, que buscarle a doña Laura pecadillos que, según parece, no le han podido encontrar.