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Domingo, 22 de septiembre de 2019



COLUMNISTAS


¿Qué está al fondo de la disputa con docentes?

Carlos Denton [email protected] | Miércoles 11 septiembre, 2019


Los costarricenses se enorgullecen por su sistema educativo; son muy pocos los padres de familia que no mandan a sus hijos a recibir clases formales. “Aquí todo el mundo sabe leer y escribir” y “somos un pueblo culto porque educamos a nuestros hijos” son declaraciones comunes escuchadas entre los habitantes. Quieren creer y confiar que los jóvenes están recibiendo una educación de calidad, no importa sus niveles socioeconómicos; después de todo es un país donde se ofrece “igualdad de oportunidad.”

En esto último estriba el rechazo que los educadores y sus sindicatos están recibiendo masivamente del pueblo. Con sus huelgas, asambleas, y otras excusas para no hacer su trabajo están acentuando la brecha entre los ricos y los pobres. Los niños de hogares donde hay capacidad adquisitiva importante siempre reciben clases y en un ambiente de calidad. Por algo es que para el examen de admisión de la Universidad de Costa Rica son los jóvenes de colegios privados que ganan los primeros lugares. No es culpa de los que estudiaron en colegios públicos que no están adecuadamente preparados y competitivos; son los educadores que están atrasados en su preparación, sus técnicas si es que asisten a sus empleos.

Los profesores han recibido entrenamiento en las últimas técnicas para impartir conocimientos y para interesar a los educandos en las diversas materias que se exponen en las aulas. En vez de usar estos avances, muchos siguen dando clases magisteriales con pizarra y tiza con muchas gesticulaciones y muestras de su “dominio.” Con costo se mantienen despiertos los alumnos.

Hay disciplinas donde hay deficiencias tan profundas que se requiere un “overjol” de la docencia. Una de estas es “matemáticas.” Si los profesores no saben cómo manejar porcentajes y técnicas mínimas de hacer cálculos ¿cómo pueden enseñar algebra o trigonometría? Los sindicatos negociaron para que se permitiera que docentes que no hablan inglés impartieran clases de este idioma. ¿Qué aprenderían los educandos con uno de estos monolingües? Quizás puedan decir “good morning” a un turista.

Tienen que sentir frustración algunos de los docentes jóvenes, frescos e ilusionados, cuando llegan a su primer trabajo en un centro educativo al encontrar compañeros desmoralizados (gran mayoría) que hacen lo “mínimo” para cumplir con sus obligaciones.

Si antes de 2018 estaban desmoralizados, no saben que pensar al darse cuenta de que la población en general los repudia por una huelga de 90 días. ¡Los líderes sindicales de ellos se expresan desafiantes! Los padres de familia demuestran cinismo y duda cuando los tratan; no hay confianza en estos profesionales a merced de ese paro laboral innecesario. Y en un país con problemas serios económicos el gobierno pagó a estos que no trabajaron por todo de ese tiempo. Muchos padres con problemas para mantener comida adecuada en la mesa de sus hogares para sus familias vieron con repudio a estos empleados públicos recibiendo sus salarios sin tener que hacer nada.

¿Cómo pueden los docentes recuperar su posición de respeto en la sociedad? ¡Que trabajen!

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