Enviar

Muchas países han iniciado importantes esfuerzos para proteger el medio ambiente. No obstante, sus avances resultan incipientes, frente al reto de detener el gran impacto que los seres humanos hemos causado a la naturaleza, en especial durante las últimas décadas.

En medio de esa realidad, Costa Rica, una nación pequeña y por ende, poco significante desde la perspectiva de su impacto global, demuestra al mundo que es posible el uso de tecnologías renovables para la producción de energía. El año pasado (2016), por 271 días, el país nutrió su electricidad con fuentes renovables: calor, agua, viento, sol, desechos…

Esta realidad no es resultado de la buena fortuna. Es producto de decisiones inteligentes que el país tomó desde mediados de los 90s y que forman parte de una idiosincrasia muy arraigada en la cultura de sus ciudadanos. 

Mónica Araya, economista costarricense, directora de la organización Costa Rica Limpia y doctora en gestión ambiental de la Universidad de Yale, propone una nueva meta: erradicar para siempre el uso de los combustibles fósiles para la producción de energía en ese país. Para ello, ha iniciado un movimiento que empieza a tener eco en varios sectores de la sociedad, y llamada la atención de ambientalistas a escala mundial.

Como parte de sus esfuerzos de promoción para alcanzar esta meta, a finales de 2016 participó en una gira a la Antártica, organizada por la entidad Homeward Bound. Junto con otras 78 mujeres líderes que luchan, cada una desde su trinchera, para conservar los recursos naturales, Mónica se convirtió en la única latinoamericana invitada a explorar este remoto lugar de la tierra, rompiendo el mito de varios siglos de que era solo para hombres.

"Han sido ya unos 100 años de exploración de la Antártida por parte de hombres. Esta expedición es un acto simbólico en el sentido de que visibiliza a las mujeres y nuestro compromiso con la naturaleza", declaró Araya a la revista costarricense Perfil.

El propósito de la expedición fue empoderar a las invitadas, todas ellas científicas en física, matemática, ingeniería, medicina, ciencias naturales y sociales, de todos los rincones del orbe, para que juntas puedan generar un movimiento transformador en favor del ambiente.

De distintas edades, perfiles, nacionalidades y disciplinas, estas mujeres se prepararon un año antes para esta experiencia, que tuvo una duración de 3 semanas, formándose en temas como Manejo de Conflictos, Visibilidad, Liderazgo, Colaboración, Estrategia Personal, entre otros.

Una de las principales barreras que enfrentó la mayoría del grupo, fue conseguir los recursos para costear su participación. Si bien contaban con una beca del 65% gestionada por los organizadores, ellas debían aportar el otro 35%, tarea que resultó difícil para muchas.

Otro de los aspectos que limitó la participación de algunas científicas invitadas, fue la realidad social que afecta a la mayoría de las mujeres profesionales, cuando tratan de compaginar su vida personal y familiar, con las exigencias del ejercicio profesional.

En resumen, a pesar de sus logros y capacidad de liderazgo, ninguna de las participantes en esta extraordinaria aventura, escapan a los retos y barreras que enfrentamos la mayoría de las mujeres para alcanzar nuestro desarrollo personal y profesional.

No obstante, este ejemplo demuestra también nuestra creatividad al encontrar formas alternativas para resolver los grandes problemas de la humanidad, en este caso, la protección del ambiente, utilizando las habilidades y enfoques que son inherentes a las mujeres.

Ver comentarios