Federico Malavassi

Federico Malavassi

Enviar
Jueves 14 Abril, 2016

 Unos aparentan ayudar al “gobierno”, pero están en el mercado de favores. Otros aparentan oposición, pero facilitan las votaciones

Prestidigitadores

Alguna vez tuve la oportunidad de que un mago me enseñara sus trucos. La prestidigitación es fascinante, pues hay como un engaño. Mientras con unos dedos (los que normalmente se usan) parece hacerse algo, con los otros dedos (los que casi nunca se usan) se hace el nudo, el amarre o la suerte que al final sorprende a todos. El arte consiste en llamar la atención por un lado, en tanto se hace la maniobra básica por el otro.
La treta según la cual terminó ratificado el nombramiento del regulador general forma parte de los oficios del prestidigitador. No hablo del PAC y del oficialismo, que simplemente jugaron de vivos. Me refiero a los que aparentan otro papel y, llegada la hora, facilitan con sus acciones y omisiones esta ratificación impropia.
Es importante para el Estado de Derecho y para los ciudadanos que estas cosas se aclaren y se conozcan, pues hay políticos que viven de estas actuaciones mágicas, truculentas y mágicas.
Es un hecho que en política no siempre las cosas son lo que parecen. Algunas veces, durante mi paso por la Asamblea, me divertía sorprendiendo a los diputados que se quedaban engañados con sus compañeros. ¡Estaban requeteperdidos!
Les demostraba que algunos autogoles no eran accidente sino colusiones y fraudes muy bien pensados.
Con el caso de los paquetes tributarios aparecen todos los magos y magos de feria, aparentando posiciones y discursos y tratando de engañar a todo el mundo con sus actos de prestidigitación.
Unos aparentan ayudar al “gobierno”, pero están en el mercado de favores. Otros aparentan oposición, pero facilitan las votaciones. Otros están a la expectativa de sus propios intereses, disfrazándose de oyentes neutrales.
Por tal razón no hay que reclamarles al PAC y al oficialismo el aprovecharse de la falta de quórum para la ratificación impropia del nuevo regulador general (que entra deslegitimado y por la puerta de atrás), el reclamo hay que dirigirlo a todos los que realizaron el truco de aparentar ser opositores y que, sin embargo, se prestaron al jueguito. ¿Quién encabezó las negociaciones y qué negociaron? Es nuestro derecho saberlo. Hay demasiadas agendas ocultas.
De paso, debe quedar claro que los que discuten, ponen mociones y se empeñan en hacer oposición a proyectos y entuertos no son los truculentos ni los que construyen tretas. Ellos son los que juegan limpio, no esconden la bola ni engañan a nadie.
Algunos trucos son muy baratos, como el caso de los papeles de Panamá y la presión para aprobar el registro de accionistas en las manos de la tributación (como si esa fuera una de sus funciones). Hay una colusión de algunos medios, la presión de los tontos útiles y el prestidigitador que se presta al truco. ¡Muy evidente!
Sin embargo, trucos baratos o elaborados, es deber ciudadano desenmascararlos a todos. Es mejor que hagan sus suertes con las manos a la vista. No se trata de cuestiones personales sino de asuntos públicos, que no deben ser administrados como tretas de feria.

Federico Malavassi