Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 26 Junio, 2014

Don Luis Guillermo anunció que para los 100 días informará a la Nación de cómo recibe el gobierno, incluyendo los más sonoros expedientes de gestión corrompida


De cal y de arena

Presidente, con la burocracia has topado

La corrupción, cómo la percibe, cómo la encarará, con qué herramientas cuenta el Presidente de la República que le prometió al país entero dar la cara a este cáncer.
Días atrás don Luis Guillermo anunció que para los 100 días informará a la Nación de cómo recibe el mundo del gobierno, incluyendo los más sonoros expedientes de gestión corrompida.
Tarea imprescindible la que se impone, de capital importancia tanto para emprender el saneamiento de un aparato estatal acogotado por la concupiscencia de corruptos y corruptores, cuanto para confirmar que él es hombre de palabra decidido a cumplir con lo que prometió en la campaña.
Veremos, pues, por dónde discurre la voluntad presidencial. Sabremos si don Luis Guillermo visualiza el problema apegado a la definición de corrupción del Banco Mundial y que se ha hecho de aceptación universal —“corrupción es el abuso del cargo público a cambio de una ganancia privada”—. En tal evento, creemos que con ser importante este anclaje, carece de la profundidad necesaria para asir a él las tareas de la asepsia ya que la corrupción tiene conformaciones que van más allá de la colusión dirigida a asegurarse una ganancia privada.
Hay que convenir en que existe otra versión de la corrupción. Es la que se expresa en el daño que causa el funcionario que falta al deber de probidad; la del que desafía los principios de legalidad, eficacia, economía, y eficiencia que preceptúa la ley; la del que incurre impunemente en el desempeño irregular de su trabajo; la del que no rinde cuentas por el perjuicio que ocasionan sus trabas, obstáculos y omisiones deliberadas para inducir una chiza, conductas todas estas previstas en la Ley General de la Administración Pública y en la Ley contra la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito.
¿Son nombrados los servidores públicos por su idoneidad comprobada, como dicta la Constitución Política?
Cuánto de la crisis financiera y operativa de la Caja del Seguro Social; de la pérfida gestión en el ICE que frustró su programa de abastecimiento energético a base de fuentes renovables para entregarlo a una onerosa dependencia de la energía térmica; cuánto de la torpe administración de la Aresep hasta causarle destrozo y desprestigio sin parangón; del vergonzoso manejo del Proyecto Limón Ciudad Puerto; del desdén con que se ha manejado la supervisión del régimen de concesiones y de la incuria con que se enfrentó la reconstrucción de las escuelas destruidas por el terremoto de Nicoya…
¿Cuánto de este daño proviene de jefaturas y cuerpos directores ineptos? ¿Será posible rescatar estas instituciones y estos programas si quienes llevan sus riendas no responden a reglas de idoneidad y probidad?
Quizás sería una ingenuidad preguntarle al Presidente si todas las personas que ha nombrado en estos días para asumir la conducción de distintas oficinas públicas responden al principio de idoneidad comprobada de modo que sepan enfrentar el espeso entramado burocrático que las recibe.

Álvaro Madrigal