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Presas y horas pico


La necesidad de muchas empresas de buses de aumentar la circulación de su flotilla en momentos cada vez más prolongados del día, para poder dar abasto con el servicio, es un reflejo de que el tema del tránsito vehicular en Costa Rica se está convirtiendo en un problema cada vez mayor.
Las denominadas horas pico del tráfico, que en el pasado comprendían aproximadamente de 7 a 8 a.m. y de 5 a 7 p.m., ahora se han extendido en al menos un par de horas en cada caso.
El problema de las presas evidencia que la situación es algo que va más allá de la simple paciencia que deben tener miles de costarricenses cada día.
Por un lado está el evidente impacto que esto representa sobre la salud pública. Más automóviles y buses en las calles durante cada vez más cantidad de horas por día, implica mayores emisiones de contaminantes a la atmósfera, un riesgo superior de contraer enfermedades respiratorias y un progresivo daño ambiental.
Por el otro, está el costo económico para las personas y el país.
Algunos cálculos indican que en promedio un vehículo consume entre dos y cuatro litros de combustible durante una hora, en velocidad ralentí.
Esto significaría un promedio superior a los ¢2 mil por cada carro que se queda estancado en un embotellamiento; más de ¢2 millones por cada 1.000 vehículos, monto que se multiplicaría a cifras exorbitantes si las presas se repiten casi todos los días, como en realidad ocurre y que obligaría al país a pagar cada vez más por un producto que está de por sí cada vez más caro en el mercado internacional, como lo es el petróleo.
Esta problemática prueba la necesidad de que las autoridades gubernamentales empiecen a meter mano en el asunto para ponerle freno a una bola de nieve que se está comenzando a hacer pesada.
De sobra son conocidas las necesidades que tiene el país en materia de infraestructura y de efectuar una planificación vial adecuada. Ahora, solo falta que las autoridades competentes cumplan su cometido.
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