Nuria Marín

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Lunes 13 Diciembre, 2010


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¿Por qué nos complicamos tanto?


No sé si les pasa lo mismo que a mí, pero siento que cada año se nos complica más el disfrutar la Navidad, y que como país sin quererlo o por omisión, estamos minando una importante oportunidad de disfrute y fortalecimiento familiar.
Los 200 días lectivos, excelentes como principio pero complejos en su aplicación práctica alargan el cierre del año. La pregunta del millón: ¿hay realmente valor agregado para nuestros niños, jóvenes y sus familias? Sinceramente creo que es muy difícil para las familias lidiar con tanto: exámenes, graduaciones, fiestas de la alegría, primeras comuniones, etc. Lejos de disfrutar, se puede caer en un sentimiento de cómo sobrevivir el mes.
Por otra parte, ¿en qué momento se nos ocurrió pensar que ampliar la fecha de entrega de la declaración del Impuesto de la Renta (D-101) del 30 de noviembre al 15 de diciembre podía ser una buena idea? Esto sin dejar de mencionar, que a diferencia de otros países que buscan la simplicidad fiscal y épocas más amigables para mejorar la recaudación, en Costa Rica cada día nos complicamos más. (Ej. D-151, D-152, Impuesto Solidario, etc.)
Para terminarla de rematar, nuestro legislador tuvo la brillante idea de escoger los primeros días de diciembre para la elección de los y las alcaldesas, intendentes y síndicos municipales, lo cual resulta en una verdadera atrocidad democrática, pues dificulta aún más disminuir los preocupantes niveles de abstencionismo.
Agregado a lo anterior existen nuevos patrones de consumo, que hay que reconocerlo, imprimen una mayor complejidad y sofisticación en temas como la decoración, exigencias para las reuniones sociales y hasta familiares, o bien la escogencia de presentes, lo cual nos aumenta los niveles de tensión y gastos además que socava el verdadero significado de estas fechas en término de amor, amistad y convivencia familiar.
Ni que decir del tema de la inseguridad y de la constante preocupación por la seguridad de los seres queridos, lo que lógicamente incide en pensárselo antes de salir o dejar la casa sola ante el creciente apetito del hampa que pareciera recrudecer aún más en estas épocas.
Frente a este panorama, no puedo menos que remontarme a otras épocas de antaño, en el que los días de diciembre lucían maravillosamente interminables y nos permitían saborear en familia y amigos los pequeños y grandes detalles de las festividades.
No puedo menos que añorar también una época de villancicos y simples tradiciones, construidas a partir de visitas a familiares, avenidazos y confeti, fiestas en Zapote, tamales hechos en casa, y tantas otras invaluables tradiciones que convertían esos días y recuerdos en maravillosos tesoros.
Pensándolo bien, la verdad es que sí podemos complicarnos menos y disfrutar más si tenemos claro el verdadero espíritu de la Navidad: el amor. Les deseo unas lindas Navidades, un Próspero Año 2011 plenos de salud, sabiduría y amor familiar.

Nuria Marín