Nuria Marín

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Lunes 20 Junio, 2011


Creciendo [email protected]
Por la boca muere el pez

Desde pequeña escuché el refrán popular que decía, “por la boca muere el pez”. Nada más real que en el siglo XXI cuando la seguridad se vuelve una necesidad para los consumidores, una responsabilidad social de las empresas y un mandato de supervisión para los Estados para evitar justamente que ningún alimento o producto atente contra nuestra salud y seguridad.
Recientemente en Costa Rica una empresa incluyó dentro de algunos de sus productos comestibles unos juguetes o cápsulas con balines y estos, según han señalado algunos medios de comunicación, han provocado denuncias por problemas de salud a varios niños que se han tragado estos objetos.
Como madre, no me es importante si el producto ya había sido comercializado en Estados Unidos y Europa o si cumple con la normativa nacional o internacional (que evidencia que requiere reformas). Lo importante es cómo un producto que expone al peligro a nuestros niños y niñas se mantenga o tarde en salir del mercado. ¿Cuántos niños más deberán sufrir las consecuencias?
En la misma línea de la seguridad o más bien de una inseguridad más, ya hemos padecido en nuestro país lo que puede provocar una falta de rigurosidad en la manipulación responsable de los alimentos con varios ejemplos de intoxicaciones originados en reconocidos restaurantes.
El problema no es local, como lo muestra la reciente intoxicación y muerte de decenas en Europa producto de una letal bacteria cuya fuente inicialmente desconocida fue trazada a semillas en una finca en Alemania.
Uno de los países que han sido objeto de fuertes críticas en este tema ha sido China, especialmente en los últimos años, en los que personas perdieron la vida producto de entre otros, el uso de plomo en pintura, falta de seguridad en algunos juguetes, productos lácteos contaminados o problemas en medicinas.
Situación que parece ha mejorado según ha indicado la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos pues las autoridades chinas están especialmente preocupadas y tratando de no repetir errores pasados.
En un mundo tan interdependiente y en el que los bienes provienen de mercados de origen tan diverso y con multiplicidad de rangos de regulación algunas más benignas que otras, el tema de la seguridad para nosotros los consumidores del mundo resulta entonces cada vez más relevante.
Si algo demostró la reciente crisis económica y financiera es la necesidad mundial de migrar a mejores marcos regulatorios y de supervisión que garanticen a los países y a los ciudadanos estándares mínimos de seguridad.
Igualmente importante es la necesidad de desarrollar valores en el mundo de los negocios para que las empresas asuman responsablemente el tema de la seguridad en sus productos y servicios como parte de una nueva visión de gestión empresarial responsable.
De ahí que aplaudimos iniciativas como el novedoso ISO 22.000 una derivación del inicial ISO 9.000 que pretende justamente velar por la seguridad de la comida.

Nuria Marín