Ennio Rodríguez

Ennio Rodríguez

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Martes 18 Julio, 2017

¿Populismo para la clase media?

Las campañas de Jeremy Corbyn en el Reino Unido y de Bernie Sanders en EE.UU. tienen en común que lograron movilizar y entusiasmar a los jóvenes, a pesar de ser ambos candidatos de la tercera edad. Además, cabe notar que, en ambos países, los jóvenes que los apoyaron pertenecen mayoritariamente a la clase media. Pero las similitudes no acaban ahí. Los dos candidatos ofrecieron educación universitaria gratuita, lo cual está lejos de ser una oferta para las clases trabajadoras, las cuales acuden en muy baja proporción a la educación superior. De acuerdo con una encuesta de la Universidad de Harvard esto contribuyó a que Sanders tuviera una opinión favorable del 54% para el grupo etario de 18 a 29 años. Asimismo, Corbyn prometió abolir el pago de la matrícula universitaria y la reintroducción de becas de mantenimiento mientras se negó a congelar la declinación de los beneficios del Estado benefactor introducidos por los conservadores, los cuales benefician primariamente a la clase trabajadora. A pesar de ser visto como un candidato de la izquierda laborista, John Gray señala que Corbyn ha coronado el aburguesamiento del Partido Laborista iniciado por Blair. Como consecuencia de ello, se dio prioridad a las demandas de la clase media educada por encima de la clase obrera.

Populismo educativo. El costo de ambos programas es monstruoso. Sanders ha continuado con su promesa de campaña y ha presentado un proyecto de ley que haría que los primeros cuatro años de universidad sean gratis para todas las familias con un ingreso anual inferior a $125 mil y las universidades comunales (“community colleges”) serían gratis para estudiantes de todos los niveles de ingreso. El costo del programa se estima en $70 mil millones. El 67% se cubriría con lo que él denomina el “impuesto a la especulación” (sobre las transacciones en bonos, acciones y derivados) y el 33% lo pagarían los estados. En el caso de Corbyn, la universidad gratuita costaría 12 mil millones de libras esterlinas. Estos programas masivos bien pueden denominarse populismo para las clases medias. En ambos países la educación superior es una prioridad y desafío para las clases medias, debido a sus altos costos. Prometerles subsidios estatales a los jóvenes de las clases medias demuestra el esfuerza de desarrollar un clientelismo electoral que parece haberles funcionado a políticos de ambos lados del Atlántico.

Populismo económico. El Reino Unido y Estados Unidos también comparten otra especie de populismo. Sanders es un conocido proteccionista que atribuyó la pérdida de empleos al libre comercio y los tratados de libre comercio. Incluso, en su momento, vino a Costa Rica a hacer lobby en contra de nuestro TLC con EE.UU., por no convenirles, según él, a los trabajadores de su país. Esta atribución es también un típico argumento populista, por cuanto la pérdida del empleo industrial se explica, principalmente, por la automatización. Se le atribuye una causa falsa a un fenómeno para proponer una política simple, aunque divorciada de la realidad: aumentar el proteccionismo y pretender que este va a generar los empleos perdidos, cuando, en realidad, probablemente contribuya a acelerar la pérdida de empleos vinculados con la exportación (ante la reacción esperable de los socios comerciales). Los grupos seducidos por este argumento se reorientaron hacia Trump, para quien este fue uno de sus argumentos centrales, o bien, simplemente, no acudieron a las urnas en vista de los argumentos pro-comercio de Clinton (aunque estos se fueron diluyendo luego de las elecciones primarias).

Theresa May trató de revivir la popularidad del Brexit y atraer así a los trabajadores descontentos con la automatización (aunque atribuida a la impopular globalización), al igual que Trump, y, despojar así, a los laboristas de una de sus bases de apoyo tradicionales. No le funcionó en la misma medida. Corbyn navegó una cuerda floja más cuidadosa. Evadió definirse a favor o en contra del Brexit. Su partido, al igual que el de May está escindido por este tema. Además, la militancia alrededor del asunto se ha ido esfumando cuando las complicaciones del Brexit se han hecho más evidentes y las posibilidades de revertir la decisión se han hecho cada vez más lejanas. Corbyn mantuvo así el apoyo de los habitantes liberales de urbes repelidas por el discurso aislacionista de May, mientras retuvo el apoyo de la izquierda dura y de jóvenes desconocedores de la historia del siglo XX con sus argumentos estatizantes y anticapitalistas. Frente al populismo de derecha dirigido a las clases trabajadoras de May, Corbyn creció gracias a su populismo de izquierda dirigido a las clases medias. Claro, otros factores influyeron también, tales como el carisma personal y el tratamiento de los candidatos por la prensa frente a las redes sociales entre otros. Pero discrepo, por lo tanto, de las interpretaciones que ven, en Sanders y Corbyn, un resurgimiento de la izquierda histórica.

Para cerrar, cabe mencionar que en Costa Rica se aplica, en gran medida, el programa de beneficio para las clases medias y altas pregonado por Sanders y Corbyn. Ningún estudiante que asiste a la educación superior estatal paga el costo económico de su carrera. Todos reciben un fuerte subsidio, pagado con los impuestos, mediante las transferencias, definidas por ley, a la educación superior, y disfrutado por los estudiantes de clases medias y altas, quienes mayoritariamente constituyen los estudiantes de la educación superior púbica. Es un gasto público que deteriora la distribución del ingreso. Mientras tanto, la mitad de los estudiantes de las clases trabajadoras no terminan secundaria y no cuentan con las habilidades para incorporarse a la fuerza laboral. Las madres cabeza de hogar, en números alarmantes, no cuentan con una red de cuido para sus niños y adultos mayores a su cargo, lo cual les dificulta incorporarse a la fuerza laboral. Es decir, generamos condiciones para condenar a la pobreza, o dejar en condiciones de vulnerabilidad a la cuarta parte de la población, pero se da prioridad a las clases medias y altas en el gasto público.