Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 13 Febrero, 2018

Reflexiones

Pongámonos serios

Hace tan solo una semana que se dio el resultado de la primera ronda electoral y las cosas siguen igual o peor. El tema central de la campaña sigue siendo el concepto de familia y ahora que se suman las guías sexuales del Ministerio de Educación Pública. No es que no sean temas importantes, pero es demasiado tiempo desperdiciado para discutir otros importantes y urgentes temas de la agenda nacional. Como si esto fuera poco, un grupo de partidarios del PAC han desatado una cacería de me gustas a su sitio web Coalición Costa Rica, convencidos de que organizando a los seguidores, en buena parte incluidos involuntariamente en dicho grupo, pueden generar un efecto redes sociales en esta campaña de segunda ronda, al mejor estilo de Podemos en España e inclusive, apostando a las tácticas ya estudiadas de la Primavera Árabe.

Lo malo de este fenómeno es que tan solo ha tardado una semana y se ha generado tal nivel de rechazo en las propias redes sociales donde se organizan, incluyendo grupos de WhatsApp, Facebook y Twitter, debido esencialmente al lenguaje de ataque y la falta de una agenda clara sobre la cual se organizan las actividades públicas. Dicen llamarse neutrales y aceptar a todos, pero lo cierto es que una vez se alejan las posiciones de sus ideas e intereses, la discriminación, el ataque se vuelve el principal argumento. Me parece que si bien el país requiere estas iniciativas ciudadanas, tales como fue el foro de San Ramón en su momento, organizado alrededor de la lucha por una nueva carretera y en contra de la concesión de OAS, cuando dichos movimientos son elevados a la política tradicional se desinflan al caer presos del interés electoral de unos cuantos.

Creo que en medio de una campaña electoral cuya agenda sigue siendo la posición de unos y otros sobre la familia y su concepto, se está dividiendo aún más a los costarricenses y sembrando odio y angustia entre quienes deberán decidir en abril próximo. Para mi entender, ambos candidatos quieren evitar discutir los verdaderos problemas que afronta la sociedad de nuestro tiempo, tales como el desempleo, la inseguridad ciudadana, la desigualdad y pobreza, así como la creciente corrupción en el aparato público, entre otros. La causa de dichas estrategias es distinta en cada partido, el gobernando PAC quiere evitar se le culpe de los pocos resultados del actual gobierno. Por otra parte, el candidato evangélico evita el tema para no ser cuestionado de los nombres y del equipo que lo acompañarían en un futuro gobierno, elemento que es una nube gris hasta el momento.

Acorralado por los resultados de una primera encuesta que pone como virtual ganador de la elección al pastor evangélico, periodista y actual diputado Fabricio Alvarado; el candidato del Partido Acción Ciudadana es quién ha puesto más carne en el asador, tan tempranera e impulsiva ha sido su campaña, que ha hecho que ni siquiera los días de descanso se le han posibilitado a su contendor y su familia. Sin tregua alguna, ambos candidatos han dado ya muestra de su estilo. De los resultados obtenidos veremos qué sucede en las próximas semanas, pero sin duda alguna, las estrategias son diferentes y están hoy por hoy, al rojo vivo.

Mientras todo esto pasa, la agenda nacional sigue ahí, los candidatos intentan convencer a propios y extraños sobre sus agendas políticas. Pareciera que la gran pregunta está en cuál de los dos candidatos genera menor desconfianza, más que si uno u otro genera confianza suficiente en los distintos ámbitos de la agenda del país. Al estilo de lo dicho en campañas pasadas, la gran pregunta que se hace el costarricense es si apostar a algo nuevo con muy poca experiencia y con un giro hacia lo desconocido o mantenerse en la continuidad de un gobierno mediocre que no ha logrado cumplirle al país en sus principales promesas y que tiene, una clara falta ética pendiente, producto del cementazo.

Así son las cosas, costarricenses; pongámonos serios, la falta de una agenda nacional amplia en esta campaña 2018, es quizás el resultado de un sistema democrático anquilosado que no ha cambiado con los tiempos y que caduca ante los desafíos de la sociedad. Un sistema democrático que sigue asumiendo estructuras y mecanismos de negociación política del siglo XX. Remozarlo y permitir un mecanismo de coaliciones políticas, es quizás el mayor desafío enfrentado, por las reformas políticas del siglo XXI. En tanto eso pasa, pareciera que el país camina directo al primer gobierno evangélico del país, algo que sin duda alguna, será todo un desafío para la sociedad, la economía y la política nacional.

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