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Miércoles 24 Febrero, 2010

Poder con rostro femenino

Desde el inicio de la humanidad, el ser mujer suponía relegación, marginalidad y exclusión, lo que significa que las mujeres estaban destinadas al silencio de la reproducción maternal y a los quehaceres domésticos.
Con el nacimiento del movimiento feminista se inicia una gran lucha, que con el paso del tiempo les otorga derechos políticos y civiles a las mujeres, estableciendo su igualdad ante los hombres.
No obstante, a mediados del siglo XX la mujer ha dejado de ser un sujeto dependiente y se ha vuelto emprendedora, tanto en el plano individual como en el colectivo, incorporándose a la fuerza laboral, con el claro objetivo de coadyuvar al sostenimiento de la familia y al deseo de profesionalizarse para romper con el patriarcado.
Cabe mencionar que hace ya dos décadas la mujer salió de la casa y se abrió paso a paso, un espacio en el mundo de los hombres. Ellas han demostrado con creces que es posible ir más allá del mundo del hogar y la familia, a la de dirigir empresas, universidades, y ahora la de gobernar sus países.
Sin embargo, hoy el desafío no es demostrar que tienen capacidad, sino asegurar esos espacios alcanzados, en el plano de la igualdad, el acceso a los espacios públicos, y sobre todo, en los núcleos más duros como son los cargos de dirección.
El empoderamiento femenino está en proceso de integración social, su aproximación es parte de la transformación social, en aras de una sociedad más justa, donde predomine y se construya una nueva forma de vivir y de pensar.
Esta claro que la mujer ha alcanzado éxitos significativos, sin embargo persisten aún limitaciones, por lo que hay que desarrollar una estrategia para potenciar los factores educativos, estructurales e ideológicos en su beneficio.
En Costa Rica la elección de Laura Chinchilla como la primera presidenta nos llena de orgullo y de satisfacción, especialmente a las mujeres que por fin se sienten plenamente representadas.
El reto de esta nueva administración es garantizar a este género, mediante un cuerpo de leyes, el derecho a la educación, seguridad a su integridad física, salud, propiedad, vivienda y trabajo en igualdad de condiciones, a los hombres, sin discriminación implícita o expresa, tal como lo establece la Constitución de la República.
Hay muchas expectativas con respecto a las medidas que tomará la presidenta electa para superar los desequilibrios existentes entre hombres y mujeres, con el objetivo de asentar el principio de igualdad como valor central de una sociedad democrática.
Finalmente, doña Laura Chinchilla es la presidenta de todos y por lo tanto la máxima autoridad política, en ella recaen la administración del Estado y la escogencia de sus colaboradores, y no me cabe la menor duda de que su labor en el gobierno será la construcción de una sociedad más justa y más democrática.

Luis Fernando Allen Forbes
Director ejecutivo
Asociación Salvemos el Río Pacuare