Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Jueves 28 Abril, 2016

 Si su administración incluso ha impulsado la reforma constitucional para quitar la religión de la Constitución, ¿a qué viene ahora la necesidad de la fe?

¿Poca fe…?

El presidente Solís se ha rajado una vez más. Ahora ha parafraseado una expresión del Evangelio y ha llamado “hombres y mujeres de poca fe” a quienes no están de acuerdo con su gestión.
Con esto despierta demasiados asuntos. Evidentemente se equivoca en cuanto al juicio de la gestión gubernamental, pues no se trata de asuntos de fe sino de hechos. A un presidente, a un gobernante, a una gestión administrativa no hay que tenerle fe. Los hechos hablan por sí mismos. Por eso se dice que “obras son amores y no buenas razones…”.
El gobierno no es para salvar almas. El gobierno debe servir al fin del Estado, debe resguardar el Derecho, debe garantizar los derechos fundamentales, debe potenciar la libertad, debe ser gerente del bien público temporal, todo de acuerdo con la Constitución y sus garantías y equilibrios. No se trata de un tema de fe.
Luego de zafar el bulto a la responsabilidad personal con la trillada frase de que “no es lo mismo verla venir que bailar con ella”, el Presidente no tiene ningún derecho a invocar la fe para promover una buena visión de lo que hace su administración.
La verdad es que se la ha pasado de yerro en yerro pero, por otro lado, emitiendo juicios muy duros contra sus antecesores. ¿Acaso no recuerda el discurso de los cien días? En algún momento manifestó que era mejor un abogado en obras públicas y luego reculó y dijo que mejor ingeniero. Un día enarboló una bandera en la Casa Presidencial y luego se expresó que ninguna más (ni la de Guanacaste en el Día de la Anexión).
¿Y ahora nos pide fe? No señor. Si su administración incluso ha impulsado la reforma constitucional para quitar la religión de la Constitución, ¿a qué viene ahora la necesidad de la fe?
¡Muestre los hechos!, porque no se gobierna con fe.
¿Será que lo que pretende es que demos una interpretación bondadosa a algunos índices económicos? ¿Es que ello depende de la fe? ¡Qué cosa más complicada!
Lo grueso va mal y punto. Terrible problema fiscal y deficitario acelerado y fomentado irresponsablemente por esta propia Administración. Cierto que hay responsabilidades anteriores, eso no se niega, pero el problema ha sido irresponsablemente multiplicado en esta gestión. Hasta el momento no ha habido gestión apropiada para frenar el problema, solo amenazas tributarias. Los disparadores del gasto no se frenan, los abusos no se detienen y la cuestión principal parece abandonada.
El tema de la obra pública también va de mal en peor. Parece que no hay esperanza. Tampoco puede haber fe. Esta Administración empezó con un rimbombante decreto para atender las supuestas emergencias de las estructuras públicas, un fiasco. No se le puede tener fe.
El desempleo aumenta, las empresas se van, la tramitomanía cunde … no puede haber fe. En la guerra del aguacate se nos expone a sanciones y se evidencia un serio problema conceptual. A esas torpezas no se les puede tener ninguna fe.
Así que, señor Presidente, trabajo y hechos. No pida fe donde y cuando no corresponde.


Federico Malavassi