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Lunes, 19 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Plan Costa Rica

Pedro Oller [email protected] | Martes 27 octubre, 2015


Mientras el país sigue haciendo lo mismo con los mismos instrumentos, la mafia organizada confirma una alta capacidad de innovación

Plan Costa Rica


En 1998 Andrés Pastrana resultó electo Presidente de Colombia. Encontraba un país sumido por el narcotráfico en una fuerte recesión política, económica y social.
Esto había provocado un crecimiento desmedido de la delincuencia: la violencia y la inseguridad corrían rampantes mientras que la economía se veía afectada por la caída en la inversión extranjera y el aumento del desempleo.
El Plan Colombia concebido por el expresidente Pastrana buscaba alcanzar la paz mediante negociaciones de paz con las FARC y la implementación de una serie de proyectos que estimularan la inversión y el desarrollo.
Esta visión fue presentada a socios estratégicos internacionales y, siguiendo el consejo de Washington, tuvo un giro importante para incluir dentro de la estrategia de desarrollo y paz a la narcoguerrilla, llevando de forma conjunta una lucha contra las drogas y las FARC como principal productor y proveedor de los carteles.
La pregunta es si un Plan Colombia resultaría en Costa Rica, en realidad en Centroamérica, como una medida de contención del flagelo del narcotráfico y su violencia.
Para quienes visitamos Colombia antes y después del Plan Colombia, hay una mejora ostensible en la seguridad y un flujo de inversión también mayor como resultado de este. Sin embargo, también es cierto que los críticos apuntan como resultado del Plan aumento en las violaciones de los derechos humanos y la imposibilidad de erradicar el flagelo, pues la productividad y distribución han migrado a otros países del hemisferio, incluido el nuestro.
Costa Rica debe replantearse su estrategia para combatir esta peste de forma similar a como lo hizo Colombia durante la administración Pastrana.
Por ejemplo, frente al acuerdo de patrullaje conjunto que tenemos suscrito con los EE.UU. desde 1999, también deberíamos ver como se combate el trasiego por tierra de droga, que solo recientemente implicó a cuatro oficiales de tránsito en la ruta 32.
Porque ahí está la cuestión, mientras el país sigue haciendo lo mismo con los mismos instrumentos, la mafia organizada confirma una alta capacidad de innovación.
Seguramente, como bien apunta don Juan Carlos Hidalgo del CATO Institute, la realidad centroamericana es distinta, pues no se trata de “una insurgencia militar, entonces no es tan fácil como fortalecer las fuerzas armadas para que combatan al narco; no es la misma situación, en Centroamérica es un enemigo más difuso y escurridizo”. Entonces, ¿por qué no asume Costa Rica desde su posición desmilitarizada un liderazgo regional para plantearle, como lo hizo la administración Pastrana, a los EE.UU. y a la Unión Europea una hoja de ruta hacia la consecución de la paz en el istmo, atacando el narcotráfico pero también la desigualdad mediante políticas de desarrollo social?
El presidente Solís formó parte del equipo del presidente Arias en la negociación y consecución del Plan de Paz para Centroamérica. Quizás se atreva a replanteárselo en el contexto del narcotráfico y dé el paso al frente que esta administración nos debe.

Pedro Oller