Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

Enviar
Viernes 13 Marzo, 2009

Partidos políticos autocuestionados

Arnoldo Mora

El título de este artículo lo que busca es poner de manifiesto el hecho de que nuestra política empezó el año calentando motores de manera más acelerada de como ha sido lo habitual. Se podría argüir que lo señalado no es de extrañar, dado que el presente es un año electoral, no solo en Costa Rica, sino en todo el continente. Casi no hay semana en que no haya alguna elección o consulta popular en algún país, como es el caso de El Salvador el próximo domingo. Las cosas no son para menos en nuestros vecinos fronterizos. Acaban de pasar unas controvertidas elecciones municipales en Nicaragua que se han convertido en un terremoto, pues sus réplicas no han cesado y todo indica que no cesarán pronto. En cuanto a Panamá, ya están en campaña para elegir presidente... De modo que la calentura que padecemos es contagiosa.
Pero por tratarse de un periodo preelectoral en nuestro país, lo que realmente hay de fondo es algo más que la escogencia más o menos democrática de sus candidatos en el seno de cada partido. El problema real es que esta agitación, un tanto prematura de las aguas de la política electoral, lo que ha puesto de manifiesto es la crisis de la institucionalidad política. La crisis global que sufre el país, que solo es comparable en nuestra historia reciente con la de los cuarenta, alcanza de manera particularmente acongojante a la institucionalidad democrática, como lo prueba el hecho de que las últimas elecciones desde 1998, se han visto empañadas con la sospecha de irregularidades, que han resquebrajado la fe en el Estado de derecho.
Lo anterior me parece muy grave, dado que, en la política como en el amor, todo se funda en un valor no cuantitativamente mensurable pero que está en la base, como es la confianza. Lo anterior se agrava porque las aguas políticas se agitan por el hecho de que al gobierno se le acusa, en medios de comunicación y entre los diputados de oposición, de supuestas acciones al margen de la ley.
En cuanto a los partidos, las campañas de los precandidatos más parecen luchas de minipartidos autónomos. Las acusaciones entre los precandidatos han sustituido a los programas o a las diferencias ideológicas aunque, quizás, son tan solo la máscara que disimula corrientes profundas que socavan la confianza en algunos dirigentes en el seno del propio partido. Caben, entonces, algunas preguntas. ¿Trabajarán por los candidatos vencedores aquellos que han sido derrotados, o habrá quinta columnas quienes podrían, incluso, contribuir a inclinar la balanza en el resultado final? ¿Cómo quedarán las fracciones en la próxima Asamblea Legislativa? ¿Abundarán las disidencias y rupturas en el seno de las fracciones? ¿Cómo quedará la correlación de fuerzas? ¿Habrá nuevos consensos que superen la manoseada y nunca bien definida “ingobernabilidad”? En suma, ¿cuál es la causa de la crisis política: el surgimiento de nuevas fuerzas políticas como expresión local de los cambios operados con el fin de la Guerra Fría y la actual crisis del capitalismo y de la hegemonía global de Occidente? Y si lo dicho es cierto, ¿cómo afecta a los partidos, las ideologías, a nuestro contexto internacional y, sobre todo, regional? En fin, tantas y tantas preguntas cuya respuesta solo un análisis a fondo, tan apasionado como realista, de los acontecimientos podrá responder.