Silvia Castro Montero

Silvia Castro Montero

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Martes 5 Enero, 2016

No nos comuniquemos con el engaño para obtener ventajas; las mentiras y las afirmaciones gratuitas generan desconfianza y deterioran las relaciones humanas de forma irreparable

Para no hablar por hablar

Para este año que inicia, no estaría de más agregar a la lista de nuevos propósitos perfeccionar nuestra manera de conversar con otros. Paul Grice, filósofo inglés, acuñó el término “principio cooperativo” para afirmar que, en todos nuestros intercambios, deberíamos utilizar el lenguaje de tal manera que contribuya con nuestras metas de comunicación comunes.
Un carpintero que desea erigir una casa requiere clavos y madera, pero no demasiados. Los debe utilizar de forma apropiada, según sus planes constructivos. Y debe realizar las tareas rápidamente y en orden lógico. Las personas racionales que desean explicarse, justificarse, desahogarse o solventar sus diferencias, también siguen ciertas pautas.
La primera máxima de Grice versa sobre la cantidad: ofrezca la información que sea requerida, para los propósitos del intercambio, pero no ofrezca más de la necesaria. Por no reflexionar antes de hablar, frecuentemente se nos olvida estructurar bien el mensaje y entonces suprimimos o enredamos detalles importantes que impiden que los demás nos entiendan. En el otro extremo, exasperamos a los demás ofreciendo disquisiciones, consejos y anécdotas que no aportan mayor información. Decía Winston Churchill que una buena conversación debería agotar el tema, no a los interlocutores.
La segunda máxima es comunicarse con calidad, es decir, con la verdad. No digamos algo que sabemos que es falso, y no hablemos sin contar con los argumentos y evidencia adecuados. Hablemos con honestidad y buena fe. Cumplamos con nuestra palabra. No creemos falsas expectativas u ofrezcamos falsas excusas. Cambiemos de forma de pensar cuando sea razonable hacerlo. No nos comuniquemos con el engaño para obtener ventajas; las mentiras y las afirmaciones gratuitas generan desconfianza y deterioran las relaciones humanas de forma irreparable.
La tercera máxima nos insta a ser relevantes; en nuestras interacciones con otros, debería predominar la información que sea prioritaria compartir, a la luz de los propósitos comunes de comunicación. En la cultura popular se abusa de la comunicación intrascendente. Cuando hablamos por hablar, sin decir nada, cuando hablamos sin contenido y sin razón, no se destacan los mejores valores de la humanidad.
La cuarta máxima de Grice nos recuerda la importancia de ser claros, evitando las expresiones complicadas y la ambigüedad. Nos dice: sean breves y ordenados. El sarcasmo debe evitarse, porque nunca es un aliado en las buenas comunicaciones: los mensajes sarcásticos se prestan para la confusión, pudiéndose interpretar de múltiples maneras. Además, son innecesarios y ofensivos.
Ante todo, tengamos presente el propósito de la conversación. La espontaneidad y la fluidez están sobrevaloradas. Debemos buscar conexión, empatía y resolución. A veces lo que corresponde es llenar el espacio de silencio, que tanto nos provoca incomodidad, y aprovechar la ocasión para expresar nuestra presencia, escuchar profundamente, comprender lo que se nos dice y celebrar los puntos de coincidencia.

Silvia Castro
Rectora de Ulacit