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Lunes, 19 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Panama School

Tomas Nassar [email protected] | Jueves 25 junio, 2009



Vericuetos
Panama School

Escribo mientras por la ventana del hotel se perciben las luces de Amador que comienzan a encenderse paulatinamente. A lo lejos la noche hace visible un crucero de inmensas proporciones, de esos de última generación, que descansa imponente atracado al muelle, ese que el Gobierno de Panamá construyó en un abrir y cerrar de ojos y que ha permitido que las compañías navieras incluyan este país como “home base” de sus barcos que aquí inician y terminan sus travesías caribeñas.
Al pie de la torre del hotel, 350.000 m2 de tierra recuperados del mar, sobre los que descansa la extensión del Corredor Sur, la nueva porción de autopista de cruza la zona de la avenida Balboa y que cuando vine en abril pasado estaba apenas a medio construir. El sábado el presidente Torrijos inaugurará esta magnífica obra vial que resolverá el problema de congestionamiento en esa zona de la ciudad.
Me cuentan que ya se proyecta la extensión de esta carretera para conectarla con el Puente de las Américas, para lo que se construiría un túnel que atraviese el llamado Casco Antiguo, esa zona vieja de Panamá que los panameños han recuperado mediante un proyecto bien elaborado y mejor ejecutado de restauración de viejas construcciones, convirtiéndola en una de las zonas turísticas más atractivas de la capital.
La verdad no percibo sorpresa alguna en mis interlocutores ante la magnitud de los trabajos que se planean. Parece que los lugareños perdieron ya toda capacidad de asombro ante la construcción de grandísimas obras, de esas que en Costa Rica no podemos ni siquiera imaginar.
Durante el periplo panameño de hoy intenté que mi interlocutor, un reconocido empresario local, me diera argumentos para entender por qué los panameños logran ejecutar proyectos de infraestructura con tanta facilidad. ¿Qué hace que sean tan eficientes en su conceptualización, diseño, adjudicación y ejecución? ¿Cómo logran ir a un plebiscito, ponerse de acuerdo y ejecutar una de las obras de ingeniería moderna más destacadas de la región como es la ampliación del Canal, sin morirse en marañas legales y políticas?
“Es porque somos una mezcla de razas muy variopinta, somos muy comerciantes”. “Porque de alguna manera la presencia de los norteamericanos en Panamá nos heredó algo de su cultura, su afán por emprender y gestionar grandes proyectos”. No sé. Algo tienen estos vecinos que los hace diferentes en su visión del mundo y de los negocios, en su percepción de la integración de su país en la comunidad internacional, en esa su manera tan distinta a la nuestra de entender el vínculo entre gestión pública y desarrollo. Efectivamente puede que ser el ombligo del planeta los ha expuesto de tal manera que para ellos sea muy fácil lograr lo que a nosotros que somos cartagos montañeses, como decía Constantino Láscaris, se nos hace un mundo.
Mientras los pregones distribuyen esta edición de LA REPUBLICA, estoy saliendo de Panamá por el Aeropuerto Tocumen. El Hub de las Américas, una obra impresionante ejecutada en menos de un año y que se apresta ya a la nueva etapa de ampliación que le convertirá, sin ninguna duda, en el aeropuerto más eficiente y moderno de América Latina.
Claro que Panamá todavía tiene muchos problemas, grandes temas que enfrentar y resolver, pero a mí en lo personal me parece que en muchas áreas tendríamos que aprender de ellos, en especial, en ser más austeros con la palabrería, más coincidentes en lo esencial de la política y, por supuesto, más eficientes en la gestión pública.