Bruno Stagno

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Lunes 30 Enero, 2012



Ningún diputado de la Asamblea Nacional de Nicaragua objetó la versión oficial elucubrada por el régimen sandinista

Otras características de la conducta nicaragüense

En dos columnas anteriores [19 de diciembre 2011 y 16 de enero 2012], abordé el tema de la conducta del Gobierno de Nicaragua hacia Costa Rica empleando los análisis de George F. Kennan sobre las complejas relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. En esta ocasión quisiera referirme a la conducta de la oposición al Frente Sandinista, la cual ha apoyado unánimemente las agresiones y distracciones de Daniel Ortega contra Costa Rica. Pero primero una corta digresión para poner estos hechos en perspectiva.
El 22 de diciembre 1847, una vez asegurada la victoria de los Estados Unidos en la Guerra Mexicana-Americana, un diputado novato del Congreso de los Estados Unidos emplazó al triunfante Presidente James K. Polk a demostrar que la guerra no había sido iniciada innecesaria e inconstitucionalmente. Esta no era una postura popular, cuando la inmensa mayoría de sus correligionarios estaban embriagados con la anexión de vastos territorios que duplicarían la extensión territorial de los Estados Unidos. Sin embargo, era lo que le dictaba su conciencia y no estaba dispuesto a aceptar que Polk “escapara al escrutinio fijando la mirada del público en la gloria militar”. Con ese fin, presentó las resoluciones “Spot”, exigiendo conocer el lugar exacto en el cual se encontraba la patrulla expedicionaria del capitán Seth Thornton en el momento en que fue atacada por el coronel Anastasio Torrejón. Este supuesto acto de agresión llevó a Estados Unidos a declararle la guerra a México, sin determinar si Thornton había cruzado el Río Grande y por tanto ingresado a territorio mexicano.

El 22 de octubre 2010 y cerca de la desembocadura del río San Juan, una patrulla del ejército de Nicaragua invadió territorio costarricense al incursionar en Isla Portillos en abierta violación del Tratado Cañas-Jerez de 1858 y laudos derivados. Ningún diputado de la Asamblea Nacional de Nicaragua objetó la versión oficial elucubrada por el régimen sandinista, todos prestaron sus votos para agredir a Costa Rica. En vez de confrontar al verdadero enemigo —los vientos de dictadura ante el colapso sistemático de la separación de poderes—, ayudaron a erigir un falso enemigo cayendo ingenuamente en la trampa del régimen sandinista.
El diputado novato que valientemente objetó los vientos de guerra del Presidente Polk fue nada menos que Abraham Lincoln. Nunca tuvo la oportunidad de inspeccionar el lugar de los hechos ante la resistencia oficial. En el caso de Nicaragua, diputados de oposición y otrora candidatos adversos a Ortega, como Eduardo Montealegre Rivas o Francisco Aguirre Sacasa, no solo se prestaron para “inspeccionar” el lugar de los hechos sino que también para convalidar los vientos de agresión contra Costa Rica. Como dijo Kennan, “la verdad en ocasiones compite con dificultad en el mercado de las ideas”, pero también depende del talante de quien o quienes son los voceros.

Bruno Stagno Ugarte
Exministro de Relaciones Exteriores