Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 6 Junio, 2016

 Nuestra esperanza no debe estar centrada en buscar al nuevo mesías, él poco podrá hacer, si nosotros no somos nuevas y nuevos ciudadanos

¡Otra vez en campaña electoral!

Las encuestas nos regresan al vértigo de la competencia, que continúa ocupada de la “carrera de caballos”… ¿Quién ocupa el primer lugar en los afectos de las y los electores? ¿Por cuál candidato de esta lista votaría usted si las elecciones fuesen hoy? ¿De qué nos sirven esas respuestas, más allá de intentar manipular electores?
¿De verdad creemos que existe un político joven o anciano, que vendrá a transformar esta sociedad, sus instituciones, o el déficit fiscal en cuatro años? ¿Es en serio, creemos que es posible emprender esa tarea, con  cambiar de gobernante? ¿Acaso no lo hemos intentado desde siempre ? ¿Cuál es el resultado?
La historia bíblica nos narra un momento trascendental, al menos para mí. “Un Principal entre los judíos” llamado Nicodemo, se acerca de noche hasta la tienda donde estaba Jesús, en la conversación Jesús le dice que hay que nacer de nuevo, Nicodemo le pregunta “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y después nacer?”.
¿Podemos las y los costarricenses con esta vieja piel, con esta conducta defraudadora, evasora, mentirosa, superficial, arrogante, descalificadora, irritante, egoísta, irresponsable, creer que de nuestra sociedad saldrá alguien absolutamente diferente de lo que somos, para liderar el cambio que urge?
El cambio pasa no por los que elegimos. Ellos son el resultado de lo que somos. Quizá nuestra crítica, nuestro enojo, nuestra furia e intolerancia, es porque sabemos que ellos nos representan fielmente. El cambio tiene otro origen.


Si yo no nazco de nuevo, si no abandono el confort de ese líquido amniótico en el que sobrevivo cómodamente como espectador, o espectadora; nada va a cambiar. Nadie va a transformar nuestra sociedad, si no me transformo yo… si yo no decido ser una mujer nueva, o usted un hombre nuevo.
No importa a quién elijamos, no importa su oferta electoral, o lo novedoso de su discurso. El problema de este país, no es la calidad de los gobernantes, es el ADN de nosotros, electores y electoras.
No sé si lo que estamos viviendo son los dolores de parto, o solo un cólico de indigestión de nuestro ego. Nuestra esperanza no debe estar centrada en buscar al nuevo mesías, él poco podrá hacer, si nosotros no somos nuevas y nuevos ciudadanos.
“Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romperá el odre, y se pierde el vino y también los odres; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos”… Jesús nos vuelve a recordar, si nuestra piel es vieja, si nuestros hábitos son viejos, si nuestras agotadas creencias se apropiaron de nosotros, de nada sirve el discurso, la propuesta novedosa, la oferta escurrirá como agua en canasto.
Debemos aceptar nuestra capacidad de trascender. Es dar paso a la fuerza interior renovadora, que habita en nosotros. La convocatoria es a transformarnos interiormente. ¡Menudo reto! La tarea es atrevernos a parir-nos. Abandonar la comodidad del espectador, para cambiar a protagonistas de nuestro destino común. ¡Es nacer desde el espíritu!

Iris Zamora