Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 27 Febrero, 2018

Reflexiones


OECD y nuestra agenda de política comercial

Durante casi 15 años he venido impartiendo el curso de política comercial en nuestra maestría en Gerencia del Comercio Internacional del CINPE, en la Universidad Nacional. Hemos visto pasar muchos debates y avatares del proceso de integración de la economía costarricense al mundo y la forma como, distintos gobiernos han avanzado en los distintos temas comerciales y de inversión, no sin las dificultades que se asocian a un proceso económico y político que involucra cambios significativos en las instituciones y en la forma como hacemos negocios e interactuamos con los distintos mercados en el mundo. Enfrentar con valentía y con entusiasmo estos ajustes, no siempre es compensado con comprensión en el marco de un proceso complejo como lo es, la agenda de política comercial de un país.

Costa Rica es un país pequeño cuyo impacto en el mercado internacional es muy poco significativo, somos esencialmente tomadores de precios y nuestra ventaja principal es que podemos explotar nichos de mercado muy diversificados, sin alterar las condiciones competitivas de forma significativa en nuestros socios. Es decir, nuestra ventaja es buscar la consolidación de los mecanismos multilaterales de comercio, donde las reglas están claras y no existe un ejercicio directo del poder de mercado de las grandes potencias. Hemos de ser. eso sí, inteligentes y cautos en la apertura, para no terminar destrozando nuestros sectores productivos a cambio de espejos que no se hacen realidad. Empero, la única salida para competir y ser eficientes, es generar condiciones de acceso a mercados de forma estable y que permitan un marco adecuado para la inversión y la innovación.



Así las cosas, el país avanzó de manera significativa en la apertura durante los años 90 y la primera década de este siglo XXI, nos ha tocado un poco más duro en esta segunda década, donde la tarea es más a lo interno del país que a lo externo. Hemos de avanzar con la reforma del Estado y el cambio en las condiciones de infraestructura para competir. En positivo, es una excelente noticia que gracias a los esfuerzos de los últimos gobiernos, hoy tengamos a punto de caramelo el nuevo puerto de contenedores de APM Terminals, no ha sido para nada fácil su negociación y la necesaria comprensión de parte de actores sindicales y algunos que se oponen a la concesión de obra pública; sin embargo, finalmente estamos a las puertas de tener un mejor puerto. Es indispensable ahora, tener una red de carreteras que permita reducir los costos de logística para movilizar mercancías a Limón e integrarlas al comercio regional a nivel centroamericano. En el horizonte tenemos el reto de tener un canal seco que permita un traslado de mercancías del Atlántico al Pacífico en menos tiempo e integre la zona norte y del Pacífico Norte con el mundo.

Más allá de la logística y la infraestructura, hoy nos enfrentamos a la necesidad de cambiar nuestras instituciones y prácticas del quehacer público, que por muchos años se han venido reproduciendo, se trata de una forma bastante ineficiente de hacer las cosas en lo público que no permite competir, en tiempos y resultados, frente a otras naciones. Hemos creado normas y procedimientos en muchos trámites que hacen de nuestro Estado un conjunto amorfo, poco articulado y lleno de frenos a la iniciativa privada. Somos un país rezagado en múltiples campos, muestra de ello son los informes de la OECD y sus sugerencias en muchos aspectos del quehacer de lo público. Desde la reforma fiscal, pasando por los temas de reforma regulatoria, competencia, manejo de nuestras reglas en materia estadística, hasta situaciones y formas concretas de accionar en materia de rendición de cuentas y gobierno electrónico. Un conjunto de reformas que son necesarias para integrarnos al grupo de los países con mejores prácticas, llamados países OECD. Este reto es quizás, el más difícil desafío de nuestra agenda comercial, es el reto de avanzar en generar competencias institucionales para enfrentar la competencia y la integración al mundo.

La agenda comercial entonces es, sin duda alguna, una agenda que pasa las barreras de lo meramente comercial, profundizando en el modelo de Estado que tenemos y las necesarias reformas para competir. Es ahí donde muchos se quedan atascados, donde se demuestra si existe o no voluntad de competir con reglas claras o seguimos a empellones protegiendo sin argumentos a unos cuantos grupos de interés que se escudan en el Estado y sus instituciones. Superar el debate del “chifrijo” y salir adelante sin tanta barrera comercial no arancelaria. Se trata entonces de una agenda para mejorar, para hacer más eficiente el manejo de lo público, para garantizar transparencia, igualdad de condiciones, acceso y sobre todo, para asegurarnos de que no existen prácticas que favorecen a unos a costa del consumidor o de otros competidores. La agenda OECD es entonces una forma de integrar al país y hacer mejoras sustantivas en nuestras instituciones. Los beneficios de lo anterior no serán la apertura comercial de nuestros socios, sino el reconocimiento a un país con reglas claras, con capacidad de ser eficiente en sus gestiones de lo público, un país que puede ser un socio comercial bueno y que como tal, da garantías a la inversión.


Dr. Leiner Vargas Alfaro
www.leinervargas.com