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Obsesión por la belleza

Se dice que en la sociedad actual, donde la imagen se ha tornado importante, el anhelo por ser “bello” ha desencadenado una gran cantidad de trastornos

Melissa González
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Algunos le llaman “síndrome del espejo” y otros lo conocen como la obsesión por la belleza.
El primer término, por considerar a los espejos como un símbolo postmoderno, “notarios insobornables de la belleza y la fealdad, tan mágicos y sinceros, como traidores y peligrosos”.
De ahí que se relacionen con esta obsesión, que parece cada día más común y que ha desencadenado trastornos conocidos y abordados como la anorexia y la bulimia, hasta otros menos conocidos como la tanorexia, que es la obsesión por tener una piel bronceada.
Otro término es la “dunkorexia”, que se define como la tendencia a dejar de comer para compensar las calorías que se ingieren al beber licor, según publicó el sitio eltiempo.com.
Este término, popularizado por el diario The New York Times, define a las personas que adoptaron una dieta para ser delgadas pero no logran dejar de ingerir bebidas alcohólicas.
Otro caso extremo es la “vigorexia”, trastorno alimentario caracterizado por la presencia de una preocupación obsesiva por el físico y una distorsión del esquema corporal, según se explica en la enciclopedia en línea Wikipedia.
La vigorexia tiene como manifestaciones la extrema actividad física, principalmente.
Otras personas recurren a las cirugías plásticas para “mejorar su apariencia”, tarea que parece nunca acabar.
Sin duda la obsesión por encontrarse defectos ha llevado a muchas personas a adquirir estos trastornos, de ahí la pesadilla por una belleza inalcanzable.
“Muchas personas lo padecen en esta sociedad de la imagen y el lujo. Seguramente es tan frecuente que no hace falta describir sus síntomas, basta con que cualquiera de nosotros se ponga frente a su espejo y reconozca sus debilidades. Pero es que además de común, tiene consecuencias peligrosas”, según se expone en el sitio elmundo.es
La preocupación excesiva por tener algún defecto imaginado o mínimo del aspecto físico, y que genera un intenso malestar emocional, deteriora la actividad y las relaciones, y con frecuencia tiene repercusiones serias se denomina a nivel médico dismorfofobia.
“El bombardeo comercial genera mucho de este trastorno, que regularmente está asociado con problemas de autoestima, rechazo a la imagen corporal y con carencias afectivas”, comentó Katherine Hogg, sicóloga.
Por lo general las personas con este problema se caracterizan por ser perfeccionistas, tímidas, ansiosas y muy sensibles al rechazo; también pueden sufrir depresión.
La recomendación de Hogg es promover la cultura de aceptación, aprender a reconocer las fortalezas y debilidades, tanto en la parte física como interna.
Pero sin duda la guía de un profesional es un factor fundamental para afrontar la situación.


Tome nota

Estos son algunos datos sobre la dismorfofobia:

• Se caracteriza por que quien lo padece tiene la firme idea de que una parte de su cuerpo (o todo) luce desagradable, además de que sufre angustia por esa supuesta fealdad.
• Cualquier minúscula imperfección adquiere importancia desmesurada y hay tendencia obsesiva por abordar temas relacionados con el atractivo personal.
• Se estima que la mayoría de quejas se centra en la forma de la nariz, aunque no se descarta la mención de abdomen, cuello, mandíbula, cabello, boca, senos, manos, piernas y glúteos.
• Tiene mayor incidencia en adolescentes de ambos sexos y, al parecer, guarda relación con las transformaciones de la pubertad, que comienzan hacia los 12 años de edad.

Fuente: Internet
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