Arnoldo Mora

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Viernes 5 Diciembre, 2008

Obama y su equipo

Arnoldo Mora

Toda la atención de los medios de comunicación mundial ha estado en estos días centrada en torno a los nombramientos que el presidente electo de Estados Unidos ha venido anunciando en reiteradas ceremonias mediáticas; lo que ha significado, entre otras consecuencias, una casi total “invisibilización” del gobierno actual. Tal decisión responde no solo a la natural intención de Obama por acaparar el centro de las miradas del mundo entero, sino al sentimiento generalizado de que la era Bush ha sido una de las peores pesadillas que ha sufrido la humanidad desde el fin de la Alemania nazi. De ahí la actitud del nuevo grupo gobernante de demostrar que una nueva era está a punto de iniciarse y su estrategia tendiente a impedir que el gobierno saliente tome decisiones que puedan afectar las políticas que el nuevo equipo desea impulsar.
Los ciudadanos esperan la mayor eficacia y prontitud en la puesta en marcha de sus propuestas, dada la gravedad de situación imperante que Obama hereda de los desaciertos catastróficos de su antecesor. Lo anterior explica su resolución de nombrar gente de una fuerte personalidad que representa tendencias políticas ligadas no exclusivamente a su campaña, sino incluso a sectores moderados del partido perdedor. Con ello demuestra su voluntad de querer hacer no un gobierno partidista sino nacional. Aquí ha radicado la clave de su fulminante y fulgurante éxito político. Para entender la causa de ese impresionante éxito hay que remontarse a la convención demócrata de 2004 que catapultó al joven político de Chicago al Capitolio. En esa ocasión, Obama dijo la célebre frase: “No hay negros ni blancos, ni azules (demócratas) ni rojos (republicanos). Solo existe América (Estados Unidos)”. A partir de ese momento el mulato Barack Hussein Obama se identificó con la imagen del Tío Sam.
Esta voluntad expresa de buscar ante todo la unidad nacional en un país cuyas divisiones amenazan con hacerse tan profundas como las que provocaron la Guerra Civil de 1861, demostró basarse en la realidad, dado que en la pasada contienda se hicieron evidentes las diferencias en el electorado; los demócratas (más progresistas) dominaron en los estados de las costas y del Norte, en contraposición a los republicanos (conservadores) que son mayoría en el Centro y en el estado sureño mas poblado (Texas). Más aún, Obama ganó ampliamente la elección indirecta (representantes electorales) pero el voto directo o popular fue casi un empate (mas del 46% para McCain), de modo que un grave error suyo fácilmente puede hacerle perder la mayoría del apoyo popular. En circunstancias normales esa situación es lamentable para el gobierno, mas no tanto para el país; pero en las condiciones actuales marcadas por la incontrolable crisis en los campos económico, social y militar, un debilitamiento en el consenso nacional en torno al nuevo gobierno puede significar una catástrofe para los propios Estados Unidos. Pues lo que parece estarse dando ya a nivel planetario es la consolidación de potencias emergentes y la configuración de un mundo multipolar. Lo dicho explica la escogencia de un equipo moderado en el campo económico y de Hillary Clinton como máxima responsable de la política exterior. Todo lo anterior revela que el futuro gobernante parece haber tomado conciencia del nuevo orden geopolítico que está emergiendo en el siglo XXI.