Nuevo intento de introducir los biocombustibles en el país
En un artículo publicado el mes pasado en el periódico La Nación con el título “Por octava ocasión, Gobierno ofrece vender gasolina con etanol”.
En un artículo publicado el mes pasado en el periódico La Nación con el título “Por octava ocasión, Gobierno ofrece vender gasolina con etanol” se informa que el Gobierno tiene la intención de buscar introducir de nuevo los biocombustibles en el país en el corto plazo y se hace un relato resumido de los intentos sin resultados que se han dado desde 1973 (hace 45 años).
La producción local de biocombustibles crea efectos positivos en los países donde se producen y es uno de los componentes de la política energética para aumentar la producción nacional de energía.
En los países donde se usan biocombustibles, estos se utilizan mezclados con los derivados de petróleo (gasolina y diésel) en proporciones pequeñas que a menudo van del 5% al 10%.
En general, la utilización de biocombustibles siempre requerirá el uso mayoritario de derivados de petróleo en la mezcla, por lo que el efecto en la reducción del consumo petrolero y de las emisiones al ambiente está limitado a la proporción de la mezcla de los biocombustibles en la gasolina o en el diésel. Si esta proporción es mayor, el efecto positivo también sería mayor.
Debido a esta particularidad, y a pesar de sus efectos favorables y positivos, los biocombustibles no revertirán el crecimiento del consumo nacional de derivados de petróleo importados porque las necesidades energéticas crecen conforme crecen la economía del país y la población.
La producción nacional de biocombustibles (etanol y biodiésel), utilizando como materia prima diferentes tipos de biomasa, particularmente cultivos, ha sido estudiada en el país durante varias décadas sin que a la fecha se comercialicen en el mercado nacional.
Prácticamente todos los Planes Nacionales de Desarrollo y los Planes Nacionales de Energía de los gobiernos de turno desde 1973 han incluido esta opción energética.
Uno de los documentos más detallados que se han hecho sobre la producción de biocombustibles en el país es el “Programa Nacional de Biocombustibles”, publicado en febrero de 2008, el cual fue elaborado con la participación activa de muchos expertos de diferentes disciplinas y de muchos entes públicos y privados.
Como parte de este plan, en marzo de 2009 se publicó en La Gaceta el “Reglamento de Biocombustibles” (Decreto Ejecutivo No. 35091), también elaborado con una amplia participación de muchos expertos, el cual tenía el objetivo de “propiciar el desarrollo de una industria nacional de biocombustibles”.
Uno de los intentos más recientes se dio en el gobierno pasado, donde se indicó que “la meta de biocombustibles del Plan Nacional de Desarrollo (2014-2018) se transformó de un 5% de etanol en las ventas de gasolinas, a un concepto más amplio que busca incorporar un 5% de sustitución por combustibles producidos con fuentes renovables en el total de los combustibles utilizados en el país”.
Lo señalado en este plan no solamente no se cumplió, sino que más bien en 2015 se canceló el programa piloto que Recope había iniciado en 2006 en el Pacífico Norte donde se agregaba etanol a la gasolina Plus 91 que se vendía en varias estaciones de servicio de esta zona.
Durante el periodo 2006-2015, los niveles de mezcla de etanol con gasolina distribuidos en esta zona oscilaron entre un 2% y un 4%. Entre las razones para su cancelación en 2015 se encuentra el alto costo del etanol, además de que este era importado porque no ha existido producción nacional.
En 2012, un artículo publicado por El Financiero, titulado “Programa de biocombustibles en la picota”, indicaba lo siguiente:
Una columna mía titulada “Los biocombustibles y el petróleo”, publicada en el periódico La República el 28 de marzo de 2016, describía un resumen de varias publicaciones que se referían a diversos aspectos relacionados con la problemática de los altos costos de los biocombustibles. Con base en lo indicado en esas publicaciones, yo señalaba que los costos de los biocombustibles en el país tendrán que bajar significativamente para poder ser competitivos con respecto a otros combustibles.
En otra columna mía titulada “Los biocombustibles en Costa Rica”, publicada en el periódico La República el 11 de abril de 2016, yo señalaba también, entre otros aspectos, que los elevados costos nacionales de producción de biocombustibles, el pequeño porcentaje (en la mezcla) de sustitución de los derivados de petróleo y los altos riesgos económicos y financieros percibidos de esta actividad en el país, han impedido el desarrollo de la producción nacional de los biocombustibles.
Todavía no se conocen públicamente cuáles son los nuevos estudios técnicos, económicos, financieros y de mercado sobre los que se basa este nuevo intento de introducir los biocombustibles en el país.
No se conocen aún varios aspectos claves, como por ejemplo los siguientes:
Aunque los efectos en el abastecimiento energético nacional son limitados por su reducida proporción de las mezclas con gasolina y diésel, los biocombustibles son una opción muy valiosa y ojalá que la iniciativa actual prospere con costos competitivos.
Su introducción en el mercado energético nacional hay que verla también como parte del desarrollo de un conjunto de fuentes nacionales potenciales de energía que se complementan entre sí.
Hay que desarrollar todas las fuentes nacionales de energía que:
Al no haberse desarrollado aún las fuentes de energía nacionales que sustituyan a los caros combustibles importados, como sí lo están haciendo exitosamente muchos otros países en el mundo, las importaciones petroleras del país (gasolina, diésel, búnker, gas licuado de petróleo, entre otros combustibles) continúan creciendo aceleradamente y ya tenemos una dependencia energética (petrolera) del exterior que es de casi las dos terceras partes del consumo energético nacional.