Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 19 Noviembre, 2015

El problema más grande no es la gente corrupta, de estos hay en todas las latitudes, son los inútiles que han inundado los gobiernos

Sin tregua

Nuestra revolución política es: ¡Acción!

Ideas y diagnósticos es lo que sobran en Costa Rica, desde los excelentes estudios del Estado de la Nación hasta la elucubraciones de los “más” intelectuales. Las universidades nos saturan de planteamientos y propuestas. Los gobernantes dicen llevar esos genios y eruditos al Poder Ejecutivo.
Eso está muy bien, pero, por Dios, ¿quién lo va a hacer? Por dicha existe la iniciativa privada, de lo contrario estaríamos totalmente congelados por la inacción.
Mientras tanto, usted, que sabe y ha experimentado que la democracia puede dar grandes resultados, empieza a dudar del sistema y sus cualidades para accionar soluciones. Inclusive se pregunta con frecuencia: ¿Será que la política es el mejor escenario para conjuntar inútiles? Pero no, no castigue a la disciplina, la política es una noble disciplina, son algunos, bastantes, de quienes la ejercen los que fallan.
El problema más grande no es la gente corrupta, de estos hay en todas las latitudes, son los inútiles que han inundado los gobiernos. Sumado al problema —confirmado por los informes de la Contraloría General de la República— que nuestro sistema es de baja responsabilidad, pues nadie es culpable en el ejercicio incompetente de sus funciones. En este quien se equivoca tiene nuevas oportunidades para continuar ejerciendo el “arte” de la inoperancia.
Tampoco el problema es “más de los mismos”, vean las “novedades” que algunos partidos nos presentan en la actual Asamblea Legislativa o en Ejecutivo, son peores que la enfermedad. Algunos de “los mismos” por décadas hicieron muy bien las cosas, empero, descalificar con generalidades es la habilidad de los incompetentes.
En días pasados un ex Presidente de la República con pesar me preguntó: ¿Qué podemos hacer? Mi respuesta fue: “Requerimos que los futuros gobernantes sean individuos de acciones, hacedores, sin discursos y sin poses, pero sí de mucha acción, de mucha obra. Esta es la única forma de incentivar la credibilidad en el sistema democrático y en la clase política”.
Que duro pensar desde ahora en 2018, pero no se engañe, ni engañe a otros, la Administración Solís Rivera no sembró ninguna acción determinante en sus dos primeros años, siendo estos los años de más “tierra” fértil con que cuenta un gobierno nuevo, sus resultados serán escasos.
Pidámosle a la divina providencia que el actual Ejecutivo al menos termine su gestión con “nadadito de perro” con las políticas incrementales, aquellas que se ejecutan por “default” en la administración pública. ¡Que sea inmovilidad y no retroceso su herencia!
El escudo de los problemas heredados como justificación de la inacción no tiene asidero ni credibilidad en el ciudadano, solo en los fanáticos partidarios, es la justificación común de quienes gobiernan cuando han de disimular su inoperancia. Los dos años restantes serán para la otra justificación de costumbre: Costa Rica se ha vuelto ingobernable; pero, por favor, tampoco lo crea.
Usted como gobernado empiece a pensar desde ya en el futuro político y electoral, con la idea de madurar un horizonte que posteriormente pueda confrontar con quienes propondrán su nombre para gobernarnos. Observe hacia donde giran las naciones exitosas y exija igual ruta, las mismas acciones, que no le inviten a descubrir el “agua tibia”.

Claudio Alpízar Otoya
Politólogo