Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 19 Octubre, 2012


Con los Yanquis de Nueva York no hay término medio.
Se les ama o se les odia.
Se les idolatra o se les aborrece.
Pertenezco al segundo gremio.
Estoy en esa acera no como periodista deportivo, sino como un apasionado del deporte rey.
Por consiguiente estoy muy feliz del derrumbe ayer del bien llamado Imperio del Mal.
Mi bronca con los Mulos es culpa de su billetera.
Fanático que soy de equipo de mercado pequeño como Cleveland, resulta frustrante desde niño, mirar cada temporada cómo el pez grande se traga al pez chico, hecho que se da en todas las disciplinas deportivas y no es exclusividad de los ahora apagados Bombarderos del Bronx, pero que gracias al poderío económico de los Mulos, en esta organización, una de las más poderosas económicamente del planeta, el asunto se desborda.
Tienen en su tesorería los dólares suficientes para comprar a quien les dé la gana, en el momento que les da la gana y eso, además de envidia de la mala, produce efectos contrarios y lógicas reacciones negativas en los seguidores de tiendas contrarias.
Cuando uno es seguidor de un equipo chico como los Indios y conoce tantas historias de cómo van formando a un beisbolista desde sus granjas y cuando ya lo tienen hecho y empieza a despuntar, no lo pueden sostener porque llega la oferta del tiburón, disfrazado de mulo, pues es lógico que se vaya generando una antipatía hacia el más poderoso.
Repito, esto sucede en todo el planeta fútbol y en Costa Rica, lo que hacen los Yanquis y otros fuertes de billete como Texas, Boston, Angelinos, Mets, Dodgers, Filis, etc., lo repiten Saprissa y Alajuelense, pero a través de los años, el poderío económico de los chicos del Bronx para inclinar balanzas a su favor, es más notoria.
Volviendo a los playoffs, resultó increíble cómo se apagó en el peor momento la artillería de los Bombarderos, detalle que llevó al mánager Joe Girardi a tomar decisiones ansiosas, apresuradas y quizá equivocadas. Y es que se silenciaron los bates de todos; no de uno o dos; no. ¡De todos!.
Cano, Granderson, Swisher, Rodríguez se apagaron. Además, iniciaron la temporada con un pésimo presagio, la lesión de Mariano Rivera y la terminaron con otra desgracia; la fractura de Derek Jeter; en fin, otra campaña de fracaso para una organización que si no es campeona del mundo, precisamente por lo que vale en dólares, se considera fracasada. Pareciera entonces que viene un sismo en el vestuario yanqui.

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