Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 11 Agosto, 2012


Repasen la trapeada que me llevé.
Me la dio Alejandro Hernández.

“Soy un fiel seguidor de su nota y muy indignado y molesto le escribo porque jamás es más importante: la forma en que celebró un atleta olímpico la conquista de una medalla; la muerte de un dirigente, ni el desorden de un club de fútbol que le impida escribir sobre la gran lección de vida y de coraje que realizó Leonardo Chacón en su nota, usted que dice apoyar otros deportes con estas manifestaciones suyas de los últimos días dejó claro que los suyo es solo el fútbol. Verdad que muy lamentable que no le dedicara unos cuantos párrafos a este héroe de la patria”.
Podemos comprender la indignación y molestia de don Alejandro, pero desde luego no la compartimos, dado que resulta profesionalmente imposible opinar y comentar de tanta actividad deportiva diaria en que participan atletas costarricenses.
Si el señor Hernández es seguidor de mi Nota, tiene que haber notado que sus contenidos de los últimos días son mínimos en cuanto al desarrollo de los Juegos Olímpicos, por la simple y sencilla razón de que la cobertura de las Olimpiadas ocupa otros espacios en la sección.
Habrá leído don Alejandro, la Nota de Tano del pasado miércoles 8 de agosto donde hice referencia a la participación de los deportistas nacionales en las Olimpiadas, calificándolas como una frustración. Desde luego que todavía no había competido Leonardo Chacón, a quien, no vi en su prueba, calificada como heroica por lo acontecido.
Le confieso a don Alejandro que las Olimpiadas no producen en mi cuerpo la pasión o la adrenalina que debe ser propia de un periodista deportivo.
De manera que la única competencia que miré en directo de un atleta nacional fue la del judoca Osman Murillo, amonestado de entrada por no pelear, en un combate igual de desesperante y frustrante.
La derrota de Murillo me terminó de enfriar y el congelador de mi alma se tragó la maratón de Gaby y la triatlón de Leo, vistos luego los resúmenes en diferido.
Entonces, lamentablemente la hazaña de Leo no me calentó y probablemente haya cometido esa injusticia de la que escribe Hernández. Ahora y téngalo por seguro don Alejandro, Leonardo Chacón ni cuenta se dio de que Tano no lo elogió, porque esto no tiene la menor relevancia. Relevante resultó el mar de mensajes de apoyo que Leo recibió, que aplastaron y enterraron a mil metros de profundidad, lo que Tano dejó pasar.

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