Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 9 Enero, 2012


El sábado por la noche, los periodistas deportivos nos partimos en tres.
Se juntaron tres eventos deportivos de primer nivel, casi a la misma hora y en lugares no muy distantes.
En el Estadio Nacional se jugaron los 90 Minutos por la Vida y al final hubo dos campeones: la Solidaridad se llevó un título y el Herediano el otro.
Muy cerca de “La Joya”, que seguramente fue visitada por decenas de niños y jóvenes acompañados por sus familias, que fueron a conocer el Coliseo de La Sabana; en la provincia de Heredia y en el Palacio del Deporte, Hanna Gabriels defendía con todo éxito su título de campeona mundial, ante una roca, una piedra convertida en ser humano, de nombre Dakota Stone.
En otro escenario, no muy lejano tampoco de La Sabana, el Country Club en Escazú, llegaba a su final la edición 48 de la Copa del Café, acaparados sus honores en esta oportunidad por los juveniles tenistas estadounidenses.
¡Qué lujo para el deporte costarricense!
En uno se disputó un título mundial; en otro se reeditó un torneo de fama mundial y, en el otro, el solidario pueblo costarricense dio un nuevo ejemplo al mundo de su cálida generosidad, inundando de millones de colones las arcas de la Asociación Lucha Contra el Cáncer Infantil.
Personalmente me tocó ir al Country y presencié dos de las finales menos emotivas de los últimos años. La verdad que, por lo menos esa noche, ninguno de los finalistas, todos de Estados Unidos, dos mujeres y dos hombres, me cautivaron como para pensar que pronto estarán en los primeros planos del tenis mundial.
Sorpresivamente en esta edición de la Copa, fueron eliminados temprano varios de los favoritos en cada llave, lo que llevó a las instancias finales no precisamente a los mejores.
Miré por televisión la pelea de Hanna y me pareció correcto que el árbitro detuviera el combate, pero no la forma. Ya los analistas explicaron por qué el comportamiento del juez central no fue correcto. Lo que resultó inexplicable fue la reacción de Hanna al momento en que se paró la pelea. En lugar de pegar brincos de alegría, se sumó a la confusión del entorno y colaboró con el desconcierto.
Finalmente: Aplausos para Costa Rica.
Los 90 Minutos por la Vida retrataron la solidaridad de este maravilloso país, una nación que cuando se lo propone y en eventos donde se unifica, siendo el deporte un cordón umbilical precioso y preciso, la convierten en la mejor del mundo.

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