Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 22 Octubre, 2009



Un repechaje no es un campeonato, tampoco es una hexagonal.
Un repechaje se pierde en un instante.
Pocas veces queda tiempo para reaccionar.
Además, en el juego de vuelta Costa Rica es visita.
Si el partido de 180 minutos no se resuelve y queda empatado, la media hora extra se jugará en El Centenario.
Entonces, hay que tener mucho cuidado.
En Washington, a los tres minutos de acción, Conor Casey botó un gol, no muerto, requetemuerto.
Luego, en el desarrollo del cotejo, Jozy Altidore y Landon Donovan se presentaron cara a cara frente a Keylor Navas y sus remates salieron desviados, gracias a Dios.
Además, los puños del guardameta nacional oxigenaron situaciones apremiantes y todos vimos más de una vez a la ofensiva local, traspasar la barrera defensiva tricolor sin mayores apremios.
Llamo la atención sobre estos detalles que se presentaron en esa confrontación, que terminó empatada 2-2 y nos lanzó al repechaje contra Uruguay, para ofrecerle al cuerpo técnico una voz de alerta; para que abra los ojos y se dé cuenta de que es urgente trabajar muchísimo con los hombres de nuestra retaguardia, aparte de que en lo personal, me resultó sorprendente que René Simoes viaje a Montevideo con el mismo grupo.
Si no se le llama la atención, se abre la posibilidad de que en el Centenario Costa Rica repita la misma formación en defensa que en la capital estadounidense, lo que podría conducir a la eliminación.
La defensa costarricense fue un coladero y deben encenderse las luces rojas en ese departamento; el repechaje no es tan simple como escribir y decir palabras huecas: “si ellos tienen a Forlán, nosotros tenemos a Ruiz”, afirman algunos ciegos por ahí y hay otra perla peor:
“Estados Unidos le ganó a España en Confederaciones; Costa Rica le ganó la serie particular a los estadounidenses en la hexagonal (3-1; 2-2)”.
Conclusión: “Estados Unidos es superior a Uruguay, por ende, Costa Rica pasa el repechaje”.
Sigamos durmiendo de ese lado para que nos atrape la pesadilla y, cuando nos caigamos de la cama, el golpe sea letal.
Y no se trata de redimensionar a los charrúas; se trata de poner los pies en tierra, dejarse de argumentos fanáticos y reflexionar que la tarea que espera a la Selección Nacional es de dimensiones monumentales.

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