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Viernes 18 Diciembre, 2015

Me sorprendió la alineación de Limón en el Morera Soto.
El director técnico Horacio Esquivel se dio el lujo de sentar a dos de sus mejores jugadores, Diego Díaz y Allan Duarte, suponemos que en procura de alguna sorpresa táctica para comerse al león.


Este par de piezas de la zona de máquinas, que se lucieron durante el Invierno y fueron piezas claves en el triunfo de Limón ante Saprissa y en el empate 0-0 del juego de ida, fueron sustituidas por el juvenil Yostin Salinas y Alexander Espinoza, jugador de cambio en los últimos partidos.
Habrá que respetar la decisión del entrenador limonense.
Personalmente me sorprendió, porque en esta Nota en los previos del juego, escribimos que Limón podía tener alguna oportunidad de ganar en el Morera Soto, si juntaba en la mitad del campo a sus carrileros, Albin Bennett, Joseph Centeno o Greivin Méndez, con dos de los mejores jugadores del equipo, Duarte y Díaz, para que entre los cuatro, generaran fútbol ofensivo para el explosivo binomio de ataque que forman Pemberton y Scott.
Un problema táctico de Limón —agregamos en su momento—, es que tanto Bennett como Centeno no se proyectan en ofensiva, contrario a como juegan Loaiza y Matarrita en la Liga y eso hace que se desaproveche el talento de Díaz y Duarte.
Bueno. El técnico Esquivel decidió enviar este talento a la reserva, puso a Salinas a bloquear la salida de Matarrita y a Espinoza a maniatar el juego de Valle y es de suponer que su estrategia se vino al suelo muy rápido, porque a los 33 minutos ya estaba sacando de la cancha a Salinas, para dar campo precisamente a Duarte.
¿Un cambio perdido?
A Diego Díaz le dio 23 minutos en el segundo tiempo.
En fin, algún plan montó don Horacio para este difícil compromiso que obligaba a enviar a la banca a dos de sus principales figuras, decisión táctica difícil de digerir a la distancia.
Alajuelense pasó a la final sin mayores complicaciones; desde luego que el 0-0 que se trajo del Juan Gobán fue una carga enorme para las aspiraciones de los limonenses, que se presentaron en el Morera Soto con todo el entorno en su contra.
Y para “piores”, como dicen por ahí, Limón se topó con una Liga que jugó como en sus mejores tiempos de la primera vuelta, sobre todo a la hora de volcarse en ofensiva, como lo probaron los dos últimos goles, gestados en contraataques fulminantes.
Duarte y Díaz a la banca. No lo asimilo.