Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 29 Abril, 2014

Repasemos el comportamiento de los equipos semifinalistas en los juegos de ida.
Alajuelense: el campeón nacional es un viejo zorro que juega con calculadora en mano. Cuando lograron amarrar la ventaja deportiva, su técnico Óscar Ramírez, invicto en estas lides a nivel criollo se apuntó a jugar con los números.
En el Rosabal Cordero retornó a sus andadas y jugó a la espera de lo que haría el rival. Un empate de visita y con ventaja deportivas en casa es gran negocio y mantener un 0-0 hasta donde lo decida el adversario vale la pena. Salados los aficionados y nosotros los periodistas que clamamos por espectáculo.
Pero vean qué interesante. Apenas Herediano abrió el marcador, la Liga le cambió el rostro a la confrontación sin hacer variantes en su formación estelar. Como que todo estaba calculado y esa facilidad que tuvieron para pasar adelante y empatar el partido, desde luego que con la complicidad del adversario, los hace muy fuertes para el juego de vuelta.
Herediano: un equipo más táctico, equilibrado y serio pero sin el encanto del “anterior”. El anterior era el de Marvin Solano. César Eduardo Méndez poco a poco le ha dado otra cara al Team que cambió fantasía y emotividad por sobriedad pero pareciera que se ocupa más espacio para el experimento. La intención de Méndez es correcta y alineada al fútbol moderno, pero la fanaticada florense está engolosinada con las maravillas del equipo anterior y parece que el nuevo timonel pagará un precio muy alto por su “travesura” táctica.
Saprissa: bajó el ritmo en el peor momento; la derrota en Cartago fue un telegrama, un aviso o presagio. En la semifinal no se vio en la cancha el encanto de una formación que se paseó invicta durante 20 jornadas, limitada y adicta a lo que haga o deje de hacer la cabeza de Kendall Waston.
Saprissa urge de que sus jugadores retomen vértigo y tecnicismo; para campeonizar no pueden depender de las bolas muertas, porque morirán en el intento. La presión que suma la entidad por campeonizar le puede pasar factura. El equipo tiene que soltarse.
Universidad: quienes los seguimos en el Verano sabemos de sus virtudes. Honor para José Giácone que desechó hace mucho rato aquella forma de jugar con el bus en el marco.
El técnico celeste sabe mejor que nadie que su nómina juega bien al fútbol; es un equipo que marca, defiende, recupera y transporta la pelota con sabiduría. La nómina permite variantes tácticas apropiadas. Su delantera es picante.

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