Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 23 Febrero, 2013

No todos los días se cumplen 70 años.
El 23 de febrero llegué a la cita y ahora se entra a la recta final.
No temo a la muerte, pero le tengo terror a la sepultura.
No quiero que me entierren en ninguna parte, los seres cercanos saben que mis cenizas han de volar libres desde alguna montaña, ojalá la de mis sueños, la que imaginé de joven, con olor a viento, fuego de hogar, frío, natilla y queso.
Pido a Dios volar a lo desconocido, esfumándose mis cenizas por las ventanas de una cabaña, hoy inexistente, pero metida hasta el fondo en las entrañas de mis ilusiones.
Nunca he sido viejo, porque mi espíritu es joven; sé que seguiré así.
Gracias a la vida que me ha dado tanto, cantaba la Negra de Tucumán.
Me dio una madre que siempre me abrió la puerta y que oró día y noche pidiéndole a Dios el milagro.
Le fue concedido.
De papá heredé una de las motivaciones más grandes en mi vida: el desapego al dinero. Heredé su bohemia, buen carácter y filosofía de vida.
Carmen, Doraida y Osvaldo, completan una familia de sangre italiana; hermanos de tertulias, pastas, amores y fantasías.
El amor tocó joven a mi puerta y a los 22 años contraje matrimonio con Violeta; 48 años después hemos sobrevivido a pasiones, paciencias, tolerancias y respetos, terremoto de alcoholismo incluido, arropados en el amor único de nuestras hijas, Cristiana, Fiorella y Daniela, que aumentó arrolladoramente con la llegada al hogar de las cerezas de la vida, nuestros nietos: Daniel, Franco, María Laura y José Pablo.
Hundido en el alcohol y clínicamente muerto, Dios tocó mi cuerpo y sin hablar conmigo, rápido me convencí que me tenía asignada una misión en la vida: hablar y hablar y hablar a los jóvenes en todos los colegios del país, narrándoles mi experiencia y testimonio de vida y los estragos que trajo a mi existencia el consumo de la droga alcohol. Y en esto estamos y en esto seguimos.
El ejercicio del periodismo deportivo me abrió las puertas del mundo; viajes maravillosos a muchos rincones del planeta que me enriquecieron culturalmente; además, amigos para toda la vida abrazados en las salas de redacción, y también los compañeros de Angeles 60, leales, unidos, incondicionales.
Y, desde luego, no puedo dejar pasar lo que significó en mi vida el ingreso a los Alcohólicos Anónimos; el paso más trascendental de mi existencia.
¡Gracias vida!
Es que… me has dado tanto…

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