Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 13 Junio, 2018

Bélgica presentó un 4-1-4-1 espectacular

Insisto. Ni España, ni Inglaterra, ni Bélgica desnudaron a la Selección Nacional. Nuestra Tricolor está desnuda hace rato y está condenada al fracaso porque no tiene ataque.

Enfrentando a potencias mundiales y Bélgica lo es, no alcanza con parar ocho jugadores en funciones defensivas, porque si no los distraemos en su zona baja, atacándolos, más temprano que tarde, jugadores de alto nivel mundial se van a agrupar y nos van a pasar por encima, a avasallar.

Sinceramente no sabemos qué hacen los integrantes de la Comisión Técnica de la Selección Nacional, mis buenos amigos Alfredo Piedra, Giovanni Alfaro y Carlos Solano, que entendemos, andan todos por allá.

Las falencias, limitaciones, debilidades de la Tricolor son tan evidentes, notorias y repetidas, que habría que aventurarse a creer que esta Comisión no observa los yerros tácticos para revertirlos o que lo hacen y Óscar Ramírez no les hace caso.

El técnico de Bélgica, Roberto Martínez plantó en la cancha un 4-1-4-1 espectacular; un único volante central delante de la línea de cuatro, Axel Witsel (6) y otra línea de cuatro incrustada delante de Witsel y a la espalda de Romelu Lukaku, de calificativo brillante:

Dries Mertens (14), Kevin De Bruyne (7), Eden Hazard (10) y Yannick Carrasco (11), todos con una técnica y movilidad exquisita, despedazaron la retaguardia nacional, jugando siempre para adelante, atacando y atacando, abriendo espacios por los costados, acompañándose y respaldando en grupo al único delantero: Lukaku.

La diferencia entre Bélgica atacando y Costa Rica “atacando” es sencillamente abismal y ante tan desproporcionada desventaja, poco o nada se puede lograr.

El fútbol costarricense es muy modesto y lamentablemente, el 90% de los legionarios no pasan ni vivieron sus mejores campeonatos.

Solo Navas y Pipo sostuvieron temporadas normales y los otros europeos arrastran lesiones, falta de ritmo, descensos y escasa regularidad. Para el alto nivel de selecciones como Bélgica, Inglaterra y España, la MLS no cuenta.

Queda el consuelo, si cabe, o la esperanza que nunca se pierde, de calificar aunque sea erróneamente a Serbia, como un seleccionado de menor nivel que Bélgica y mínimo suponer que el cuerpo técnico nacional lo tiene mejor estudiado que a los belgas, un equipo aparente e increíblemente desconocido para don Óscar Ramírez.

Confiemos que en Rusia, también se suceden milagros y no solo en Brasil.