Ennio Rodríguez

Ennio Rodríguez

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Martes 16 Mayo, 2017

Nos alcanzó el futuro

Watson, el robot de IBM, no solo es capaz de ganar a los campeones de todos los tiempos en el jugo de Jeopardy, el conocido programa de televisión, sino también de diagnosticar enfermedades con un 99% de acierto en comparación con los médicos. El robot Da Vinci puede realizar varias operaciones simultáneamente, mientras reduce complicaciones. Estos robots tienen la capacidad de aprender. Surgen de la unión de la inteligencia artificial, la robótica y la computación cognoscitiva en un mundo con una Internet ubicua que genera permanentemente nuevos datos (“big data”). Muchos en Costa Rica, utilizamos Waze para esquivar las presas, un programa inteligente que aprovecha la información de todos los wazers para actualizarse constantemente.

El McKinsey Global Institute ha realizado varias publicaciones que analizan el futuro de la automatización. Entre sus conclusiones cabe destacar que solo el 5% de las ocupaciones podrán automatizarse completamente, pero el 60% de las ocupaciones podrán tener un 30% o más de sus actividades automatizadas. Se espera que esto se materialice en las próximas cuatro décadas. En definitiva, prácticamente no habrá ocupación inmune a la automatización, lo cual, si bien no significa que esta desaparecerá, sí quiere decir que la naturaleza del trabajo cambiará y, en algunos casos, radicalmente. Significa también que las ocupaciones de la actualidad sufran redefiniciones al reagruparse actividades que las integrarán y aparecer nuevas actividades que hoy no conocemos.

Otras consecuencias previsibles surgen del hecho que, si bien solo el 5% de las ocupaciones será totalmente automatizado, se generará desempleo, particularmente en aquellas ocupaciones con actividades repetitivas o predecibles. Cuando se mecanizó la agricultura, el crecimiento de la industria y los servicios absorbieron la mano obra sin que nadie lo planeara o lo previera. ¿Ocurrirá esto otra vez espontáneamente?

Esto significa que se plantearán enormes desafíos para las políticas públicas y para las instituciones públicas. Entre estos, facilitar la transición a quienes queden desempleados mediante bolsas de empleo inteligentes y sistema de entrenamiento y reentrenamiento. En general, todas las ocupaciones verán cambiada la naturaleza de sus actividades, para lo cual deberán aprender a convivir con robots y sistemas inteligentes de análisis de datos y les requerirá desarrollar nuevas destrezas. Los sistemas de entrenamiento deberán ser claves para la sociedad.



Las instituciones públicas deberán adoptar las innovaciones digitales para no convertirse aún más en factor de retraso en la productividad nacional. Ha sido lamentable lo ocurrido con las iniciativas de gobierno digital. Pero también su inacción con la falta de conectividad de fibra óptica. De continuar así, harán muy difícil la adopción de las innovaciones por parte de las empresas nacionales.

Conforme las ocupaciones aumenten su productividad es de esperar que también suban sus remuneraciones, lo cual no ocurrirá de manera uniforme en toda la economía. Esto podrá deteriorar la distribución del ingreso y aumentar las posibilidades de caer en la pobreza a aquellos con menor nivel educativo. El Estado deberá velar por ambos desafíos. La responsabilidad pública sobre la distribución del ingreso y asegurar mínimos vitales (“social safety nets”) adquieren mayor relevancia.

La educación, a su vez, deberá, además de afianzar los conocimientos duros, formar, desde la primaria, en las llamadas habilidades blandas, cada vez más requeridas en los ambientes de trabajo donde la interacción con los otros humanos acentúa la importancia de lidiar con las características propiamente humanas, tales como las emociones.

Por la trascendencia del tema, el Colegio de Ciencias Económicas le va a dedicar su Congreso 2017, que se celebrará el 31 de mayo, 1 y 2 de junio. Tendremos a representantes de McKinsey entre los expositores.