Pedro Oller

Pedro Oller

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Lunes 17 Abril, 2017

Nos agarró el tren

En estos días, post-electorales, La Nación decidió publicar algo que tituló “Tres Gobiernos liquidaron posibilidad de tren moderno”. Mi sorpresa fue que el artículo se refiere a administraciones de los años 80 y no mucho más recientes.
Justifican a Figueres (después que perdió) de la decisión del cierre y citan a las administraciones Monge, Arias y Calderón del devenir del tren con don José María. Mencionan marginalmente la importancia que tenía el tren en cuanto al banano, como también que el tren en ese momento era transporte de mercancías y no de personas.
Obvian hablar de que hasta el cierre del ferrocarril ordenado en el Gobierno Figueres Olsen, el país se preciaba de contar con transporte Caribe-Pacífico por línea férrea desde principios de siglo. Anhelo ahora con un proyecto mal pensado de canal seco.
La Nación evade además hablar de cómo nos vimos invadidos por furgones y camiones que hacen, hasta el día de hoy, labores que antes atendían los vagones del ferrocarril. Además de obviar el papel que tuvo la banca estatal en esta reconversión del transporte de mercancías en nuestro país, y los intereses a los que sirvió. Todos temas de suma consideración que deberían repasarse.
Contrario al titular de archivo histórico que hace La Nación, lo cierto es que en el pasado reciente han sido los dos últimos gobiernos junto al actual, los que se han encargado de que Costa Rica no tenga un tren moderno. Por moderno, yo sí aclaro que quiero decir al menos con los tiempos.
Cuando Abel Pacheco decidió, acertadamente nombrar a Miguel Carabaguíaz al frente del Incofer y poner el tren a funcionar de nuevo nos hizo un favor enorme como sociedad. Con Carabaguíaz el tren empezó a funcionar como un medio de transporte de personas frente a lo que en su momento era un creciente precio del petróleo y sus derivados.
La decisión de don Abel derivó en un uso masivo del tren como medio de transporte. Decisión que don Óscar no entendió salvo para endosar. Se ocupaba más, había que decidirse al respecto y embarcarse. Arias creyó que el tema pasaba por Carabaguíaz y no era así.
Doña Laura cometió el mismo error tempranamente. Decidió que esto era de trenes de juguete que muchos tomábamos por gusto y no por necesidad. Mantuvo a don Miguel en el cargo como por mantener las aguas calmas y no fue sino hasta el segundo año de su mandato que atendió a Carabaguíaz y sus ideas.
Se interesaron los españoles. Se me cae la cara.
Primero Metro de Madrid propuso un tren ligero para mover miles de gentes como lo hacen de los suburbios hasta la estación de Cercanías en Madrid, cerca del Bernabéu y Keylor. Fue bien recibido y en conjunto se nos ocurrió una forma de hacerlo viable tanto legalmente como financieramente. Tanto así, que RENFE quiso retomar el tren de carga y con esa idea hacer de Costa Rica un país interconectado por vías férreas. Doña Laura lo dejó servido como tantas otras cosas que no supo ejecutar.
Pensar en grande no estaba para el presidente Solís y en conjunto con su expresidente del Incofer, de apellido Santana, decidieron empezar de nuevo y de cero. Decidieron revertir el ofrecimiento español y someter todo a auditorías y análisis que a hoy no arrojan ninguna luz a falta de alguna obra.
Rodolfo Piza y Otto Guevara hablan de un metro. Antonio Álvarez del tren. Los demás no opinan. Yo quiero que alguien me atienda lo serio del problema de movilidad en la GAM. Ojalá lo hagan con este tipo de claridad que tuvimos y se perdió en los últimos tres gobiernos.