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¿Qué está haciendo Costa Rica para prevenir los embates de estos fenómenos que no hemos provocado pero sufriremos?

No hagamos lo del avestruz

Los efectos del cambio climático se manifiestan de forma diferente en los distintos lugares del mundo, pero hay algo común a todos: deterioran la calidad de vida y las economías.
Aunque cambios en el clima se han dado siempre a lo largo de la historia del planeta Tierra, los actuales se han atribuido a la acción humana y es esa misma gestión la que podría revertirlos, especialmente en el caso de los grandes generadores del calentamiento global, o bien, en casos como el de Costa Rica, que no los ha propiciado pero no puede evitarlos, tomar medidas para mitigar sus peores consecuencias.
Los países que más se adelanten a emprender acciones de todo tipo para paliar las consecuencias de esos cambios desde el punto de vista de la prevención de desastres, de las necesarias adaptaciones en el agro y en algunas industrias e incluso de las migraciones internas cuando se requieran, serán los que menos sientan esos efectos.
En nuestro continente se ven ya resultados devastadores del cambio en el clima. Un ejemplo son las actuales sequías en México, que afectan a más de la mitad de los estados y que podrían exponer a padecer hambre a 2 millones y medio de mexicanos, de acuerdo con lo dicho por un experto de la Universidad Nacional Autónoma de ese país.
Los glaciares de cualquier lugar del mundo son buenos indicadores también del cambio por su rápida respuesta a las alteraciones climáticas. También hay evidencias claras de un ascenso, aunque lento, progresivo en el nivel del mar.
En la medida en que los vectores que transmiten el dengue y la malaria, por ejemplo, se acomoden a los cambios del clima, aparecerán nuevos espacios donde proliferen esas enfermedades.
Latinoamérica, sin tener mayor responsabilidad en las causas del fenómeno, sufrirá pérdidas económicas sociales y ambientales considerables. A pesar de ello, se emplean recursos en restringir las emisiones de gases contaminantes pero no muchos a disminuir la vulnerabilidad de los países ante los efectos.
Han aumentado las precipitaciones g en ciertas regiones y son más intensas y prolongadas las sequías en otras. Esto, sumado a huracanes, terremotos y tsunamis puede producir un agravamiento en las condiciones con impacto sobre la agricultura, la salud, la disponibilidad de agua y la habitabilidad en general.
La pregunta es inevitable: ¿Qué está haciendo Costa Rica para prevenir los embates de estos fenómenos que no hemos provocado pero sufriremos?
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