Ennio Rodríguez

Ennio Rodríguez

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Martes 6 Junio, 2017

No podemos repetir el pasado

En materia de crecimiento económico, si repetimos el pasado, caeremos a tasas de crecimiento cercanas al estancamiento del ingreso per cápita. Costa Rica, necesita reinventarse.

Análisis cuantitativos sobre Costa Rica, que McKinsey & Company presentó en el recién concluido Congreso de Ciencias Económicas, muestran que nuestro crecimiento económico promedio de los últimos 50 años fue del 4,6%, una tasa respetable, aunque inferior a los países de alto crecimiento de Asia. Ahora bien, este crecimiento tiene dos variables fundamentales que lo explican: la de mayor peso es el crecimiento del empleo, el bono demográfico, que, al ingresar a la fuerza de trabajo, permitió un crecimiento promedio de la producción global del 3,6% por año en promedio. Por su parte, el otro factor, el aumento de la productividad, solo explicó el 1,0% del crecimiento económico.

La mala noticia es que si suponemos que los aumentos en la productividad continúen representando el 1% del incremento en PIB (más de lo mismo) e introducimos en el análisis los cambios demográficos que ya ocurrieron, el crecimiento del empleo solo podría impulsar alrededor de un 0,6% del crecimiento económico. Nos veríamos con un crecimiento total de la producción del 1,6%, mientras otros países crecerían a tasas muy superiores que nos dejarían atrás a gran velocidad, Asia y África en particular.

En el próximo quinquenio, existe un cierto margen para que el empleo crezca. Este podría crecer si aumenta la tasa de participación de las mujeres en la fuerza laboral. Ahora bien, este es un número finito de nuevas trabajadoras, que no impacta la producción de manera sostenida en el tiempo. Pero por razones de equidad y justicia debemos promoverlo, además que nos puede dar un impulso al crecimiento de la producción en el corto plazo. Para ello, se deberán fortalecer las redes de cuido y todas aquellas políticas que apoyen a las mujeres trabajadoras y emprendedoras. También podríamos reducir el desempleo, lo cual nos generaría otra fuente finita, y más pequeña en este caso, para crecer sobre la base del crecimiento del empleo. Para lograr esto deberá partirse de la identificación de las características de los desempleados y desarrollar programas orientados a incorporarlos al empleo. Sabemos que, en su mayoría, son jóvenes menores de 30 años, muchos viven en las zonas rurales y las mujeres sufren más que los hombres. De donde programas de empleo rural podrían tener un efecto importante.

Pero estas reservas laborales no lograrían un efecto dinamizador del empleo en el mediano o largo plazo. Tampoco es de esperar que las inmigraciones lleguen a tener una escala que impacte positivamente la tasa de crecimiento del empleo al punto de incrementar la tasa de crecimiento del PIB; incluso estamos perdiendo empleo calificado que está migrando para aprovechar las oportunidades que brinda el rápido crecimiento de Panamá. Como país, repetir las recetas del pasado nos condenaría a bajas tasas de crecimiento económico futuro. Debemos actuar sobre las estrategias de empleo de corto plazo, pero también desarrollar nuevas bases para el crecimiento sostenido en el mediano y largo plazo, a sabiendas de que el largo plazo comienza hoy. En el presente hipotecamos o potenciamos nuestro futuro. Es hora de reinventarnos.

Nuevamente, las simulaciones de McKinsey & Company muestran que podríamos elevar significativamente nuestro crecimiento si introducimos las tecnologías de la automatización. Los aumentos en la productividad podrían hacer que el PIB crezca en un 3,0% adicionales por año al 0,6% que contribuiría el crecimiento del empleo. Con las posibilidades conocidas en la actualidad, esto podría significar un total del 3,6% de crecimiento del PIB por año durante los próximos 50 años. Nada despreciable.

Fuertes inversiones en infraestructura y logística no solo dispararían el crecimiento en el corto plazo, también podrían incrementar la productividad en el mediano plazo. No tenemos excusa, en el siglo XXI, para no acometer las inversiones cuyo retraso nos asfixia en productividad y calidad de vida en ciudades, puertos, aeropuertos y corredores logísticos.

Finalmente, y muy brevemente, incorporar las tecnologías de automatización demanda al menos y sin demoras, un gobierno digital con interoperatividad entre los sistemas gubernamentales y acceso digital desde los celulares a todos los trámites en línea para personas físicas y jurídicas; así como el acceso a Internet de alta velocidad mediante fibra óptica a los hogares, oficinas y empresas. Pero también un ecosistema para la innovación y el emprendedurismo, apoyado en un sistema educativo para preparar las personas con las habilidades, destrezas, actitudes y valores que conduzcan a Costa Rica a ese futuro posible.