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¡No me grite, no me insulte! ¡Tráteme bien!

Emilio Bruce ebjreproduccion@gmail.com | Viernes 21 abril, 2023


Sinceramente

A nuestras autoridades se les debe respetar siempre. A nuestras autoridades se les debe de escuchar con atención. Los mensajes de nuestras autoridades deben ser objeto de reflexión. El respeto hacia las autoridades debe de estar siempre presente. El respeto y la consideración deben de ser las normas inflexibles en nuestro trato hacia ellas, y estas normas deben tener carácter recíproco hacia nosotros.

Las investiduras, así como los símbolos patrios, deben de ser respetados al máximo y su importancia muchas veces trasciende la comprensión racional. “Hay razones del corazón, que la razón no entiende”. La simbología del estado, el ceremonial público, el vestido, la música, la palabra y la ocasión sirven para dar relieve a los recuerdos fundamentales de nuestra nacionalidad. Los símbolos siembran los sentimientos y las actitudes adecuadas para amar y para respetar a la patria. El ceremonial de estado nos recuerda los momentos estelares de Costa Rica celebrándolos.

Nuestro país en medio de su gran sencillez ha desdeñado lo que no debiera en el público ceremonial, pero no puede ni debe de desdeñar el respeto a las autoridades nacionales ni las consideraciones propias hacia quienes son símbolos de nuestra nación y de nuestra democracia. Ellos –los jerarcas- deben ser la personificación de lo mejor de nuestro país, son los llamados a representarnos a todos en todo momento, en todo lugar y ser quienes encarnen los mejores valores que se encuentran albergados en nuestras almas y en nuestro ser costarricense.

¡No me grite! ¡No me insulte! Entiendo por bien y la mano de acero en guante de terciopelo debe de prevalecer siempre dejando una enseñanza, educando a todos los que nos rodean en lo que es y debiera de ser la conducta esperada de los mejores hijos de la patria. El comportamiento educado es asunto de formación y ejemplo, de entendimiento y prudencia, de conciencia de lo que somos, de comprensión clara de la misión que estamos desempeñando.

La comunidad costarricense está acostumbrándose a que cualquiera en un intercambio de ideas levanta la voz. Con facilidad las personas insultan a gritos a las otras sin aportar argumentos. Claro, es más fácil insultar que razonar. Construir argumentos es cosa seria y en un amplio diálogo con facilidad en el intercambio surgen las frustraciones de no poder articular bien ideas y expresiones. La frustración termina por generar sentimientos de impotencia e ira. No es fácil guardar la altura. No en balde la mayor lucha del hombre es por domar su carácter y su temperamento. Debemos cuidar el trato entre nosotros los costarricenses

Los padres están prohibidos de golpear a sus hijos. Los cónyuges están aconsejados de no gritarse y aún más prohibidos de levantarse la mano como es lógico. No es concebible que un empleado le grite a su jefe o le insulte, es censurable que un jefe haga otro tanto con sus subordinados. Los gritos y los insultos descalifican a quien los emplea y hay personas que deben guardarse mucho de nunca descalificarse. Gritar, insultar y maltratar maleduca a las generaciones del futuro. Al que grita e insulta le gritan y le insultan.

¡No me grite! ¡Conversemos civilizadamente! ¡Intercambiemos conceptos no gritos! ¡Intercambiemos ideas no insultos! ¡No me grite! ¡No me maltrate! Nadie entiende por mal y todos entendemos por bien. Los adultos debemos comprenderlo y actuar en concordancia.

La educación de las gentes nace en su hogar. Padre o madre que gritan y maltratan generan similar conducta en sus hijos. Esos hijos, creyendo en que la enseñanza de los padres es el valor correcto, gritarán a los hijos suyos, gritarán a los compañeros de trabajo, a los colegas jugadores de fútbol o de oficina. Muchos lo describen como el círculo de la violencia. Debemos educar de manera correcta continuamente. Se educa con el ejemplo, con las palabras y con nuestra conducta.

¡No me grite! ¡Entiendo por bien no con alaridos! Y es que educar correctamente nos forma una actitud correcta de convivencia ciudadana y con los subordinados, con los compañeros de trabajo o de afición deportiva.

Ante la sensación de impotencia de algunos por que las tareas, los oficios y las obligaciones o deberes son mayores a sus capacidades tienden a gritar, a estar irascibles, a perder la compostura. Las presiones vividas destapan estas reacciones de violencia. Paciencia, reflexión, moderación y buen trato deben guiar nuestras vidas y nuestras relaciones. Siempre cuando crece la tensión se debe de bajar el volumen de voz. Siempre que en la discusión se nos acaban los argumentos debemos dejar para luego el continuar el intercambio. Nunca se agrede a quien discute con nosotros. El mejor trato entre costarricenses nos ayudará a todos a ser mejores.

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