Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 3 Junio, 2011


Narcotráfico y corrupción


El tema no es nuevo. Desde hace ya varios años la omnipresencia y el poder casi absoluto que dan las multimillonarias ganancias provenientes del trasiego de drogas, es asunto que ocupa y preocupa a la sociedad en todos sus estratos. No es para menos.
El narcotráfico se ha infiltrado en los más recónditos rincones de nuestra vida como un cáncer que ha hecho metástasis, aunque seguimos teniendo la esperanza de que aún quedan posibilidades reales de salvación. Para ello debemos señalar los orígenes del mal y sus implicaciones.
Empecemos por recordar que la raíz del mal no está en los países periféricos sino en los metropolitanos. Allí se ubica un mercado que produce pingües ganancias. Por eso al narcotráfico no hay que verlo solo como un problema de ética individual o social y legal que se resuelve ante todo con estrategias policías o militares. El cercano ejemplo de México, es más que aleccionador.
Por desgracia, lo que solía ser una ventaja en nuestra historia, como es nuestra ubicación geográfica, hoy se convierte en un talón de Aquiles. Somos un puente natural entre el Sur que produce la droga y el Norte que la consume. Lo anterior se agrava porque ahora los grupos mafiosos no pagan con narcodólares sino en especie, aumentando con ello la drogadicción aquí.
Pero esto no es lo más grave. El Estado de derecho ha venido siendo confeccionado a través de los siglos por políticos, filósofos y juristas con los pies en la tierra. Ellos sabían muy bien que la sociedad, tanto civil como política, está compuesta por seres humanos, es decir, no por ángeles ni por santos, sino por hombres capaces de virtudes heroicas pero también de los peores crímenes; por lo que su misión era organizar la sociedad, de modo que se protegiera a los primeros y se reprimiera a los segundos.
El dolo es parte de la vida cotidiana en toda sociedad. Por lo que debemos partir de ese hecho. Lo realmente peligroso y causante principal de la decadencia de toda sociedad, es la corrupción en las instituciones que deben combatir el delito tales como los cuerpos represivos, en concreto, la policía y las organizaciones de seguridad privada o municipal, lo mismo que los jueces e instancias del Poder Judicial. Como lo dijo Montesquieu, cuando los jueces se corrompen, sea por dinero, sea por terror frente a las amenazas a ellos o a sus seres queridos, el cuerpo social colapsa.
Por eso los costarricenses debemos preguntarnos, ante el intento de fuga de algunos reos de máxima seguridad, que se dio recientemente en la cárcel de La Reforma y que se convirtió en un sangriento enfrentamiento que se saldó con el resultado de tres muertos, si este hecho no se produjo porque había “gato(s) casero(s)”. Y si esto mismo (complicidad de policías y jueces) no se ha dado también en nuestras fronteras y en otros lugares.
Si la anterior sospecha se confirma, estaríamos ante la amenaza a nuestra convivencia civilizada más seria desde 1856.

Arnoldo Mora