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Misión de la OEA sale de Honduras sin lograr acuerdo
Sin posibilidad de presionar a Zelaya y Micheletti, el organismo hemisférico tiene una sola arma: el diálogo

Washington
EFE

La crisis en Honduras y el intento, de momento infructuoso, de la OEA de resolverla han vuelto a poner en el centro de las críticas a un organismo que se topa con sus propias limitaciones y está condenado a utilizar el diálogo como única arma.
Transcurridos más de tres meses desde el golpe de Estado que derrocó el 28 de junio a Manuel Zelaya, los analistas y expertos no niegan lo obvio: que las gestiones de la Organización de Estados Americanos (OEA) no han generado por ahora resultados.
Ayer mismo, la misión de cancilleres enviada a Honduras ha tenido que abandonar el país sin alcanzar un acuerdo que permita reconducir la crisis hondureña. A ojos del público en general, esto es un fracaso.
Sin embargo, los analistas consultados por Efe, que hilan más fino, consideran que no se puede culpar de esta circunstancia al organismo regional, que se rige por el consenso de sus 33 países miembros activos y por el margen de actuación que le deja la Carta Democrática Interamericana que, como gusta decir el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, tiene sus limitaciones.

La OEA “ha hecho un esfuerzo grande. No la culparía de la falta de progreso. No puede hacer mucho más”, dijo a Efe Peter DeShazo, director del programa de las Américas del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) y ex subsecretario de Estado adjunto de Estados Unidos para América Latina.
Lo cierto es que el organismo regional tiene las manos atadas y su única baza es seguir por la vía de la diplomacia y apostar, como lo ha hecho hasta ahora, por el diálogo, según el presidente del Diálogo Interamericano, Peter Hakim.
La OEA “no tiene ningún instrumento para hacer que se respeten” los valores y principios de la Carta, salvo la suspensión de un país miembro, una herramienta que se empleó en el caso de Honduras por segunda vez en la historia del organismo, tras la de Cuba en 1962.
“No lo ha hecho tan mal”, señaló Hakim, teniendo en cuenta que por primera vez se invocó la Carta por consenso, algo que, en su opinión, “ya en sí fue un logro de la OEA”, dadas las diferencias que existen entre los países del continente.
Pero, a su juicio, la OEA se “precipitó” con la suspensión de Honduras, porque lo hizo sin dejar espacio a las negociaciones. “Quizá lo tendría que haber hecho al revés”, sostuvo antes de subrayar que “eso fue un error”.
Hakim argumenta que se equivocaron al pensar que en Honduras iba a funcionar la suspensión, algo que en Cuba no ha surtido efecto durante casi 50 años.
DeShazo opina que la OEA tomó “al principio una posición fuerte” con la suspensión y lo hizo fruto de “la preocupación” de sus miembros y de “las memorias del pasado” que pesaban sobre ellos.
La suspensión, en realidad, complicó las cosas ya que hizo que el presidente de facto, Roberto Micheletti, no confiara en los otros países, algo que dificultó el diálogo, aseveró, sin embargo, Hakim.
Pero DeShazo insiste en que “la OEA ha actuado ya con bastante fuerza”, algo que “casi no tiene precedente” en su historia.
En cualquier caso, agregó, “si la OEA no hubiera respondido con fuerza, todo el mundo la habría criticado”, porque, haga lo que haga, arrastra un lastre de ineficacia y lentitud.
Insulza, al menos en opinión de Hakim, “ha hecho mucho para hacer de la OEA un ente más efectivo y más presente”, pero aún así, parece pesar la máxima de que “la OEA es lo que sus miembros quieren que sea”.
Los analistas coinciden en que “no hay una solución fácil” a la crisis en Honduras, ni tampoco se pueden esperar resultados en un corto periodo de tiempo.
“Son procesos. No es hacer algo y esperar resultados inmediatos. Una crisis política no es fácil de resolver”, sentenció Hakim.
En estas circunstancias, la OEA depende de la voluntad de Zelaya y de Micheletti de resolver la crisis. De momento, se ha topado con la intransigencia.
Aún si se rompen las negociaciones, la OEA no puede hacer más que seguir impulsando conversaciones, opina Hakim.
Probablemente podría emplear otra estrategia si se llegara a ese punto, dado que el tiempo se agota y la OEA tiene que asegurarse de que se celebren unas elecciones legítimas el 29 de noviembre, dijo.
Así también lo ve DeShazo, para quien unas elecciones vistas como legítimas por los hondureños y la comunidad internacional son el “vehículo para sacar a Honduras de la crisis”.
El asegurarse eso tendrá que ser el próximo objetivo de la OEA.
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