Nuria Marín

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Lunes 12 Septiembre, 2011


Creciendo [email protected]
Mi 11 de setiembre de 2001

Como otros martes, luego de una mañanera sesión de natación con mi esposo Antonio, volví a la casa para encontrarme con llamadas urgentes de varios medios de comunicación, por lo que rápidamente me dirigí al televisor más cercano, no había duda de que algo grave debía estar pasando.
Estaban transmitiendo el impacto a la primera de las Torres Gemelas, en ese momento existía la duda: ¿accidente o acto terrorista como en el 93? Desde ese preciso momento, al que escasos segundos después le siguió el ataque a la segunda torre, daría inicio una de las más intensas y emocionales experiencias que como analista internacional he tenido.
La vida da muchos vuelcos y ese día me mostró que no hay casualidades y que la pasión por el conocimiento lo puede llevar a uno por caminos extraños sin saber cuándo serán estos necesarios. Como diría Steve Jobs, solo hay que atar los cabos. Años atrás dos personas habían inspirado mi interés por profundizar en el conocimiento sobre el terrorismo, mi amiga y colega abogada Sandra Urbina, quien con otras compañeras realizó una excelente investigación de graduación sobre el terrorismo en Costa Rica y el periodista Mario Bermúdez, con quien tuve una interesantísima entrevista sobre el terrorismo durante la Guerra Fría.
Les puedo decir que si el análisis político en general es complejo, cuando se hace en tiempo real en las dimensiones de lo acontecido el 11-S lo primero que se viene a la mente es la gran responsabilidad de tratar de ayudar a comprender los hechos y a la vez llevar tranquilidad en momentos en que nos sentíamos vulnerables y devastados por las imágenes y hechos de terror de los que todos éramos testigos de primera fila.
Las imágenes y emociones de ese día, los aviones impactando las Torres, la gente al caer al vacío, el derrumbamiento de las edificaciones, la huella de un avión heroicamente derrumbado, con sinceridad reconozco que hoy tienen la capacidad de conmoverme tan intensamente como hace diez años.
Ese día el ser humano traspasó una línea de maldad a la que acompañaron en algún momento imágenes de niños celebrando con vítores las penurias en Estados Unidos, denotando cuán profundo era el odio, la incomprensión, el fanatismo y la abismal brecha a la que habíamos llegado en los albores del nuevo siglo.
Ese día, estoy segura de que todos sufrimos por las vidas truncadas, por las familias que en un abrir y cerrar de ojos perdieron a sus seres queridos, esposos, hijos, madres, compañeros o amigos.
En estos diez años hemos podido conocer con más detalle algunas de las historias de los sobrevivientes o de los familiares de las víctimas, relatos de amor, heroísmo, solidaridad, lucha y coraje de personas que perdieron a sus seres queridos o recibieron lesiones, algunas con secuelas para toda la vida, y sin embargo han tenido la capacidad de levantarse. Ellos representan lo mejor del ser humano. Ellos son la verdadera inspiración en el décimo aniversario del 11-S.

Nuria Marín Raventós