Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 25 Octubre, 2013

Ahora los empresarios chinos lidian con la búsqueda de la generación de valor agregado para sus productos


Entre cielo y tierra

Metamorfosis china

Actualmente China busca bajar por propia voluntad el crecimiento de su economía. En los últimos 30 años, su producción creció por encima de un 8% en promedio anual.
Aunque contradictorio, el calentamiento de China se ha convertido en un factor que preocupa a su gobierno, en especial cuando su expansión productiva se fundamenta en productos de alto consumo de recursos, bajo valor agregado y gran gasto energético.
Así por ejemplo, la producción de un avión de última generación en Estados Unidos o Europa equivale a 10 millones de camisas de algodón en China. Para sembrar este material se requiere gran cantidad de agua, tierra y energía, sin dejar de lado la contaminación, fertilizantes y demás problemas sociales, por lo que la elaboración de esta prenda termina siendo de alto impacto y de baja compensación para los trabajadores.
Ser un país dependiente de la importación de alta tecnología, es una condición poco favorable en el comercio mundial. Por esta razón, China en la última década ha buscado entrar en el escenario de la innovación mundial. Aun así, sus marcas y productos luchan por abrir espacio frente a los japoneses, coreanos, estadounidenses y europeos.
Para incorporar a China dentro de la industria de última tecnología, el gobierno comunista ha favorecido el auge de un factor empresarial que abogue cada vez más por la innovación y no simplemente por una producción de bajo costo.
De hecho ya existen otros mercados asiáticos de menor precio de mano de obra. Ahora los empresarios chinos lidian con la búsqueda de la generación de valor agregado para sus productos.
En paralelo a la competencia internacional, China está enfrentando importantes retos internos. El primero es la migración ecológica. Está claro que para avanzar hacia el desarrollo y reducir la pobreza, los temas medioambientales son un importante desafío, más cuando sus principales ciudades sufren las consecuencias del desarrollo postindustrial, y el uso intensivo de recursos, en especial agua y energía, lo cual genera considerables niveles de contaminación que ponen a presión el modelo de su reforma económica.
El segundo factor es la migración educativa. Todavía con una gran población en zonas rurales, la tarea de educar al pueblo constituye una prioridad. En especial, en momentos cuando los modelos educativos están en una profunda revisión a nivel mundial, debido a los retos impuestos por la elevada competencia entre naciones.
El tercer elemento lo constituye la transformación de las ciudades. Luego del acelerado crecimiento en las últimas décadas, los cambios urbanos son un duelo enorme que ha generado un importante debate a lo interno de China, al cuestionarse si las grandes inversiones en futuristas rascacielos, trenes de alta velocidad, así como la demás infraestructura colosal estarían capturando demasiados recursos financieros que podrían dirigirse más bien a un mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos en otras regiones del país.
Por ahora es evidente que la metamorfosis china está impactando su estilo de vida urbano de una forma acelerada. Con aires más cosmopolitas, mientras el contorno de ciudades como Beijing y Shanghái cambia con más rascacielos, sus habitantes parecen cada vez más acostumbrados a un intercambio cultural no solo con Occidente, sino también con sus vecinos cercanos de Oriente.

Luis Alberto Muñoz Madriz

@luisalberto_cr