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Miércoles, 23 de septiembre de 2020



COLUMNISTAS


Masculinidades frágiles y acosos callejeros

Mauricio París [email protected] | Jueves 27 agosto, 2020


Una de las noticias que generó gran interés la semana anterior fue el ataque sexual sufrido por una ciclista a manos de un energúmeno que se sintió legitimado a manosearla mientras ella circulaba por San Ramón.

Lo lamentable de esta noticia es que en pleno año 2020, existan sujetos con una masculinidad tan disminuida que encuentren gracioso, legítimo, excitante o lo que sea, sacar su humanidad por la ventana de un carro en movimiento y nalguear a una desconocida en plena calle como si fuera un bien de libre disposición que puede ser atacado a plena luz del día y con total impunidad. Lo aún más lamentable es que este sea sólo uno de los cientos de casos que suceden día a día en nuestro país, y que se mantienen en la impunidad.

Pero un aspecto positivo es que esta lamentable situación se haya convertido en noticia. Ya el solo hecho de que este tipo de incidentes sean considerados noticiosos comienza a evidenciar un reproche social ante lo que no puede ser considerado más que violencia. No son conductas nuevas, muy al contrario, son agresiones que han existido toda la vida y que la mayoría de las personas hemos presenciado en muchas ocasiones a lo largo de nuestra vida, pero que hoy ya no son consideradas por la audiencia que las percibe, o incluso por sus propias víctimas como permitidas o legítimas.

Otro aspecto positivo es la movilización social para encontrar a los agresores. Gracias a la acción de los familiares de la víctima, a la colaboración de los vecinos que facilitaron grabaciones, pero, sobre todo, a la viralización de la información en redes sociales, el incidente se hizo noticia y esto permitió la identificación y captura de los incriminados. Una muestra de cómo las redes sociales pueden contribuir a fines más nobles que a los que nos tienen acostumbrados.

No se trata de una simple nalgada. Esa nalgada, si no se censura, si no se denuncia, si no se persigue, y si no se castiga, deviene en violación, en agresión doméstica, en feminicidio. Es por la necesidad de realizar un cambio social que la penalización de este tipo de conductas es necesaria para que la población entienda que no pueden ser más permitidas ni toleradas.

La dignificación de la condición humana de la mujer no es una agenda de la ideología de género ni de los colectivos feministas, sino que debe ser una prioridad del país, y somos los hombres quienes deberíamos ser más beligerantes en su censura, y quienes tenemos que “pagarnos a ver”.

El hecho de que una mujer no se sienta segura de andar en bicicleta por la calle a plena luz del día porque algún neandertal la toquetea, que tres de cada cuatro mujeres sufran acoso callejero, que el grupo más afectado sean las niñas y adolescentes menores de 15 años o que una mujer no pueda vacacionar sola sin que su vida corra peligro, es una vergüenza para el género masculino. No estamos hablando de derechos de segunda generación ni de discriminación positiva, no, estamos hablando de algo tan esencial como el derecho a la vida o a la dignidad humana de la mujer que se violenta o relativiza con estas conductas machistas.

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