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El gran reto es ponernos al día en infraestructura, sin descuidar las grandes visiones que llevaron a educar a la población y posibilitarle acceso universal a servicios de salud

Más que cemento

En los últimos días ha surgido la comparación con nuestros vecinos que, al otro lado de las fronteras norte y sur, siguen modelos de desarrollo diferentes.
En Panamá vemos lo que podría llamarse una super infraestructura, como gran motor de su economía, y en Nicaragua una reciente atracción de inversión extranjera y negocios relacionados con la generación de energía, un canal interoceánico y hasta un satélite espacial.
Costa Rica también tiene negocios en proyectos como puerto de gas natural en Moín, refinería, planta hidroeléctrica de 300 megavatios, megaterminal de APM entre otros, que pueden mejorar aspectos en los cuales tenemos rezago.
Sin embargo, el principal capital con que cuenta este país es su gente, con buen nivel educativo, talento y desarrollo intelectual importantes, y valiosas y primordiales zonas que ha logrado conservar de riquezas naturales por medio de visionarias leyes aprobadas en el siglo pasado.
Ahora bien, es innegable la urgencia que tiene Costa Rica de ponerse al día en infraestructura. Esta en la actualidad es indispensable para no frenar el desarrollo.
Sin embargo, no podemos comparar nuestro modelo de desarrollo con el de nuestros vecinos porque es innegable que son diferentes.
Nuestro país logró un recurso humano que es la base para que hoy se pueda ya conocer en el mundo no solo como un país agrícola exportador, sino como uno capaz de brindar y exportar servicios en muchas áreas gracias justamente a la inversión que históricamente viene haciendo en educación.
El único en la región, además, que ha logrado para su gente una expectativa de vida de casi 80 años.
Con esto no cuentan nuestros vecinos cercanos porque su inversión o sus esfuerzos estuvieron dirigidos a otros aspectos de la vida o las problemáticas nacionales.
Así las cosas, es necesario distinguir los diferentes modelos de desarrollo desplegados y comprender que quizás lo mejor no sea solo competir sino complementarnos con el resto del istmo.
Por otra parte, el gran reto que tenemos es lograr ponernos al día en el retraso de infraestructura, sin descuidar las grandes visiones que llevaron a educar a la población y posibilitarle un acceso universal a los servicios de salud. Es de ello de lo que estamos obteniendo réditos en estos momentos.
Sin ello, no podríamos estar hoy en la vitrina mundial como conservadores de la riqueza natural y como país apto para empresas destinadas a ofrecer una importante multiplicidad de servicios globales.
Hay mucho que hacer. El reto es estimulante si no perdemos el norte.
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