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Madurez política


En un acto esperanzador que revive la posibilidad de una América Latina enfrentando su destino con mayor madurez, los presidentes de Ecuador y Colombia, Rafael Correa y Alvaro Uribe respectivamente, se dieron un apretón de manos zanjando el conflicto diplomático iniciado hace una semana y que involucró también a los mandatarios de Venezuela y Nicaragua.
Los hechos son por todos conocidos ya que ocuparon la atención de los medios de comunicación y de las personas durante una semana marcada por esta tensión.
La Cumbre del Grupo de Río, que tenía reunidos a los presidentes de América latina, será recordada por este hecho que pone fin a varios días de preocupación y suspenso en los cuales los latinoamericanos y especialmente los habitantes de Ecuador y Colombia, se preocuparon por lo que podría haber desembocado en otros hechos por todos indeseados.
El apretón de manos que se dieron los gobernantes de Ecuador y Colombia ha vuelto a su cauce las aguas y lanzó una clara señal de cuál es el camino que deben seguir los países latinoamericanos, el de resolver sus conflictos con madurez sin caer en actos irreflexivos ni permitir que se desaten insanas pasiones.
No es en la confrontación violenta sino en el diálogo claro y bienintencionado donde pueden encontrar los países del subcontinente un camino abierto a la mejor convivencia y cooperación para beneficio de sus habitantes, de la región como un todo.
Las cumbres presidenciales, que suelen algunas veces ser pobres en resultados, cambiaron su perfil en esta ocasión en que los demás mandatarios ahí presentes pudieron observar, personalmente, la forma en que concluyó un conflicto durante el cual se lanzaron fuertes acusaciones y se violó la soberanía territorial de Ecuador.
Sin duda, un paso adelante de verdadera importancia en el proceso de maduración política y diplomática de los países latinoamericanos, que les permite seguir adelante, cada cual con sus proyectos e ilusiones, ya sin la amenaza de caer una vez más, como ocurrió en el pasado, en el negro abismo de la violencia que acaba con cualquier posibilidad de progreso. El presente conflicto lo ha ganado sin duda la paz.
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